01/07/2026

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Formación de Formadoras: Dios crea orden a partir del caos

Formación de Formadoras: Dios crea orden a partir del caos

 

 

Continuando nuestra serie de testimonios de participantes del Programa de Preparación para Formadoras, compartimos la experiencia de la Hna. Elizabeth Onoja, miembro de las Misioneras de Nuestra Señora del Santo Rosario.

 

En esta entrevista, la Hna. Elizabeth reflexiona sobre la formación como un camino de transformación que dura toda la vida, en el que Dios actúa amorosamente a través de cada experiencia para sanarnos, moldearnos y renovarnos. Su testimonio pone de relieve la conversión personal, la apertura al Espíritu Santo, un liderazgo compasivo y la llamada a acompañar a otras personas para que lleguen a ser presencia viva de Cristo. Nos recuerda que incluso nuestras heridas pueden convertirse en lugares de gracia, porque «el oro está en la grieta».

 

¿Cómo ha evolucionado tu comprensión de la formación en los últimos meses?

Mirando la formación desde una perspectiva diferente, he llegado a una comprensión más profunda de un Dios que crea orden a partir del caos, un Dios que utiliza cada detalle de nuestra vida para moldearnos a su imagen. Dios es el Alfarero; sostiene el barro con amor y compasión y, en su abrazo divino, une cuidadosamente cada fragmento roto. Él trae sanación, trae plenitud y da vida a una persona renovada y transformada.

El Artista Divino utiliza el oro para unir estos fragmentos rotos y, sin lugar a dudas, podemos ver que el oro que emplea es visible precisamente en las grietas. Esto evoca las palabras de san Pablo: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte».

Uno de los conceptos que más me ha impactado durante estos meses de participación en el programa de formación es el de human becoming, el proceso continuo de llegar a ser plenamente humanos, que entiende nuestra humanidad como una obra permanente de Dios. Dios actúa continuamente en nosotros y a través de nuestra humanidad.

Para mí, esto es una invitación a estar más atenta al movimiento del Espíritu que actúa en mi vida, a mi alrededor y en las personas con las que me encuentro. También es una invitación a mantener una actitud de apertura hacia Dios, cuya Palabra está viva y es eficaz, ayudándome a descubrir quién soy y a quién pertenezco.

 

¿Cuál es la enseñanza más importante que te llevas de este período?

Ha sido una experiencia profundamente enriquecedora formar parte de este programa de formación. Una de las lecciones más importantes que me llevo es que Dios me ama. Dios ama todo mi ser. Me ama incondicionalmente. Está siempre presente para mí. Me encuentra allí donde estoy y utiliza cada detalle de mi vida para moldearme a su imagen.

Esto me invita a ser más consciente del movimiento del Espíritu dentro de mí y a mi alrededor. Ha tenido un profundo impacto en mi persona, en mi vida espiritual y en mi experiencia de la vida comunitaria. Puedo decir sinceramente que me ha impulsado a ser más reflexiva en mis relaciones y conversaciones, a buscar a Dios en todo lo que hago y a responder a los demás con mayor compasión.

Me ha inspirado especialmente el poder transformador del Dios que crea orden a partir del caos. En mi propia vida estoy aprendiendo a mirar las situaciones desde una perspectiva más positiva, cultivando una actitud esperanzada ante la vida y ante todas las experiencias que trae consigo, especialmente las más difíciles.

 

¿Qué desafíos ha encontrado durante este período de formación y cómo los ha afrontado?

También ha sido un tiempo bastante desafiante. Junto con los muchos aspectos positivos de esta experiencia, debo decir que también ha habido dificultades. Era la primera vez que estaba en esta parte del mundo: conocer personas nuevas, vivir una cultura diferente, adaptarme a otro clima, a otra comida e incluso afrontar la frustración de perderme mientras intentaba orientarme de un lugar a otro.

Sin duda ha sido desafiante, pero lo que me ayudó a abrazar plenamente toda esta experiencia fue adoptar la actitud, la convicción, de que cada experiencia tiene un mensaje para mí.

Esta actitud ha sido profundamente vivificante, especialmente en la experiencia de perderme e intentar volver a encontrar el camino. La frustración que esto suponía era real, pero poder dar sentido a toda la experiencia creyendo que también ese era un mensaje que el Señor ponía en mi camino fue fundamental.

Me viene a la mente la canción Lose Yourself in Me («Piérdete en Mí»). Encontrar la gracia de perderme en Dios precisamente en medio de esa experiencia de frustración me ayudó a descubrir una vida nueva y, de algún modo, a reencontrarme conmigo misma. Ha sido una experiencia profundamente enriquecedora, renovadora y plenamente gratificante.

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