20/05/2026
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Tejiendo juntas la Interculturalidad
Tejiendo juntas la Interculturalidad
Del 6 al 8 de mayo, más de 400 hermanas participaron online en el cuarto módulo sobre “Liderazgo sinodal con raíces profundas”: un espacio de reflexión, escucha y aprendizaje compartido que reunió a las líderes religiosas de distintas partes del mundo.
La sesión estuvo marcada por la convicción de que construir comunidades interculturales no depende únicamente de capacidades humanas o estrategias de gobierno, sino también de la gracia de Jesús, que llama constantemente a vivir el Evangelio desde la comunión, la escucha y el amor mutuo. Solo arraigadas profundamente en la certeza del amor de Cristo las comunidades pueden convertirse en verdaderos signos del Reino, capaces de acoger la diversidad, sanar heridas y tejer relaciones fraternas entre culturas, generaciones y pueblos.
La formación fue animada por la Hna. Adriana Milmanda, SSpS, quien ofreció diversas reflexiones y herramientas sobre temas fundamentales como las definiciones básicas de interculturalidad, la relación entre carisma y cultura, y sobre cómo ser intencionalmente interculturales en la vida cotidiana y comunitaria. También profundizó en los vínculos entre sinodalidad e interculturalidad, subrayando la necesidad de construir comunidades capaces de vivir la diversidad como parte de su don y misión.
Durante estos tres días, las participantes profundizaron en los desafíos y oportunidades que la interculturalidad presenta hoy para la vida consagrada y para el ejercicio de un liderazgo verdaderamente sinodal. En un contexto mundial tan marcado por cambios rápidos, movilidad humana y diversidad cultural, la formación intercultural constituye cada vez más una prioridad indispensable para todos los procesos formativos en las congregaciones.
Los diálogos subrayaron la necesidad de mantener una actitud abierta, humilde y flexible, capaz de dejarse transformar por el encuentro con otras personas, culturas, generaciones y modos de comprender la vida. Acoger las culturas juveniles de nuestro tiempo fue presentado también como un desafío urgente para todos los miembros de las congregaciones, llamados a escuchar profundamente a las nuevas generaciones para poder caminar junto con ellas.
Se añadió también la importancia de reconocer los prejuicios, estereotipos y formas de discriminación que siempre están presentes, aunque a menudo de manera inconsciente, dentro de nuestras relaciones, historia congregacional y estructuras comunitarias. La interculturalidad exige, pues, un proceso continuo de toma de conciencia, conversión personal y reestructuración comunitaria, que permita aprender a vivir las diferencias no como amenaza, sino como riqueza.
En esta lógica, las participantes reflexionaron sobre la necesidad de aprender a adaptarse a los cambios y de desarrollar capacidades humanas y espirituales que favorezcan relaciones más abiertas y reconciliadas. La resolución de conflictos – que son inevitables – fue presentada como una competencia fundamental para la vida comunitaria intercultural y para el liderazgo sinodal. Otro reto es el de acoger, acompañar y dar espacio a las minorías forma también parte del testimonio evangélico y del compromiso por construir comunidades donde cada persona pueda sentirse reconocida, escuchada y valorada en su diferencia.
Otro aspecto significativo fue la reflexión sobre el aprendizaje de nuevos idiomas. Se destacó cómo aprender una nueva lengua facilita la comunicación y es esencial para la comunión, a la vez que provoca un cambio neuronal y una apertura interior que ayuda a comprender mejor otras culturas y maneras de pensar.
A lo largo de la sesión, surgió con fuerza la convicción de que la interculturalidad refleja el nuevo paradigma sinodal de liderazgo actual: un liderazgo basado en la escucha mutua, la corresponsabilidad, la participación y la capacidad de avanzar juntos desde la diversidad. Así, la interculturalidad no es solo una necesidad organizativa, sino una respuesta necesaria y urgente a los signos de los tiempos actuales convirtiéndose en una verdadera misión de la vida consagrada hoy.
La experiencia concluyó reafirmando el compromiso de seguir promoviendo procesos formativos que preparen a las personas consagradas para vivir y liderar comunidades interculturales, abiertas al diálogo, capaces de acoger las diferencias y de responder creativamente a los desafíos del mundo actual.
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