28/09/2026

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Hermana María Rita: «Todos, todos, todos, una Iglesia donde todos tengan voz, espacio y lugar»

Hermana María Rita: «Todos, todos, todos, una Iglesia donde todos tengan voz, espacio y lugar»

 

 

Del 30 de mayo al 7 de junio de 2026, varias religiosas teólogas provenientes de diferentes continentes y congregaciones se reunieron en Nemi para crear vínculos y poner sus conocimientos teológicos al servicio de la vida consagrada.

La Hermana María Rita da Silva, de la Congregación de las Hermanas Mensajeras del Amor Divino, que participó en el Simposio, compartió con nosotros su experiencia.


¿Qué contribución pueden ofrecer las religiosas teólogas a la construcción de una Iglesia más sinodal y cómo puede la teología de la vida consagrada apoyar este proceso?


La sinodalidad es una herramienta, un medio que la Iglesia nos ofrece para que podamos colaborar aún más con esta idea, con este sentido de Pueblo de Dios: un pueblo elegido y bautizado, que tiene su propia voz, su propio espacio y su propio lugar. A través de esta herramienta, es posible llegar a todas las realidades y permitir que todos los cristianos tengan voz, tengan su espacio y puedan expresar su opinión ante las realidades y las necesidades de la Iglesia. En otras palabras, significa estar cerca de las personas y de las realidades de base.


Y la vida consagrada desea ser este signo, este instrumento que nos permite colaborar aún más con la Iglesia en la misión de evangelización. Estamos presentes en las realidades de base y podemos ayudar concretamente a nuestro pueblo a sentirse Iglesia, a sentirse escuchado con toda nuestra atención. Podemos, por tanto, llevar estas realidades y estas respuestas al interior de la Iglesia y hacer posible que todos tengan su lugar, su voz y su espacio. Todos, todos, todos, como nos recuerda el Papa Francisco.


¿Qué representa para ti este Simposio, tanto a nivel personal como profesional?


Este Simposio de Religiosas Teólogas, promovido por la USG, es un espacio excelente para intercambiar experiencias, escucharnos unas a otras, compartir nuestros conocimientos y colaborar para que toda la vida religiosa de nuestro mundo pueda ser escuchada.
Somos mujeres, somos muchas, y, sin embargo, todavía necesitamos un espacio mayor para compartir nuestra realidad, nuestro ser, nuestro genio femenino, no solo dentro de la Iglesia, sino también en los campos de la teología y de la investigación.
 

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