21/09/2026

Noticias

La experiencia de la hermana Joséphine en el Simposio de las religiosas teólogas en Nemi: «Estamos reunidas en torno a Cristo para reflexionar sobre nuestra vida consagrada»

La experiencia de la hermana Joséphine en el Simposio de las religiosas teólogas en Nemi: «Estamos reunidas en torno a Cristo para reflexionar sobre nuestra vida consagrada»

 

 

 

Del 30 de mayo al 7 de junio de 2026, varias religiosas teólogas procedentes de distintos continentes y de diferentes congregaciones se reunieron en Nemi para estrechar vínculos y poner sus competencias teológicas al servicio de la vida consagrada.

 

La hermana Joséphine Mbembe Mbomba de Jesús, de las Hermanas de Santa Teresa del Niño Jesús de Kinshasa, que participó en el Simposio, nos contó su experiencia.

 

¿Qué contribución pueden aportar las religiosas teólogas a la construcción de una Iglesia más sinodal y cómo puede la teología de la vida consagrada apoyar este proceso?

 

La teología de la vida consagrada, que es mi ámbito de especialización, está íntimamente vinculada a la sinodalidad, porque la vida consagrada es, en sí misma, sinodal.

 

En nuestras comunidades, favorece la fraternidad, el discernimiento comunitario y la convivencia. La Iglesia misma es sinodal. En el marco de este Simposio, nosotras, religiosas teólogas, fuimos invitadas a reflexionar juntas sobre las preocupaciones y los desafíos actuales de la vida religiosa.

 

Buscamos identificar caminos que puedan ayudarnos a avanzar y a responder a las cuestiones que atraviesan nuestro mundo. Durante el Simposio, abordamos especialmente la sinodalidad, los abusos, el ejercicio de la autoridad, el voto de obediencia y el mundo digital.

 

Al final de esta reflexión, elaboraremos un documento que entregaremos a nuestras responsables para contribuir a la renovación de la vida religiosa.

 

¿Qué oportunidades y desafíos presenta el mundo digital para la vida consagrada y cómo puede ayudarnos la teología a habitar esta nueva realidad?

 

La vida religiosa tiene como finalidad conducirnos hacia Dios y hacia la vida eterna. Por eso, debe saber renovarse para no permanecer encerrada en modelos que ya no le permiten avanzar.

 

La reflexión de las teólogas puede ayudarnos a discernir aquello que favorece realmente nuestra vida comunitaria. La convivencia es esencial: nos conduce hacia Dios y contribuye a construir la Iglesia del mañana.

 

Vivimos en el mundo y tenemos la misión de contribuir a su transformación, conduciéndolo hacia Dios, su Creador. El mundo digital forma parte de esta realidad y no podemos dejarlo de lado. Nos ayuda a acercarnos unas a otras, a pesar de la distancia, a organizar encuentros, realizar investigaciones y llevar a cabo nuestra misión más allá de ciertos límites.

 

Sin embargo, también puede perturbar nuestra vida comunitaria. Cuando nos volvemos demasiado dependientes de las herramientas digitales, corremos el riesgo de olvidar a la persona que tenemos a nuestro lado. Estas herramientas pueden ayudarnos en muchos ámbitos, incluida la oración, pero también pueden encerrarnos.

 

Por eso, debemos procurar que lo digital no ponga en cuestión nuestra sinodalidad y nuestra convivencia. Si se convierte en un espacio en el que me siento bien y trabajo sola, sin tener en cuenta a los demás, corre el riesgo de debilitar la vida religiosa.

 

La inteligencia artificial también nos permite superar ciertos límites en nuestra misión, pero conlleva igualmente peligros. No debemos ponernos en el lugar de Dios: Él sigue siendo el centro de todo. La inteligencia artificial puede ayudarnos a acercarnos a Dios, pero también puede alejarnos de Él.

 

Como teólogas, invitamos, por tanto, a los religiosos y a las religiosas a ejercer el discernimiento y a practicar la templanza. Es importante no llegar a depender de estas herramientas y no olvidar nunca el ideal de nuestra consagración religiosa: Dios.

 

Si tuvieras que representar este Simposio con una imagen, ¿cuál elegirías?

 

Estoy profundamente maravillada por lo que estamos viviendo aquí.

 

Pienso en Pedro en el momento de la Transfiguración. Como africana, elijo la imagen de la montaña. En nuestra cultura, subir a la montaña significa ir a recuperar fuerzas, para después bajar y compartir con los demás lo que hemos recibido.

 

Pienso, por tanto, en la Transfiguración de Jesús. Aquí, en Nemi, nos hemos retirado a un lugar apartado. Reunidas en torno a Cristo, hemos contemplado las maravillas que Él ha preparado para nosotras y hemos reflexionado juntas sobre nuestra vida consagrada.

 

Al bajar de la montaña, estamos llamadas a convertirnos en testigos y a llevar algo nuevo a quienes nos esperan.

 

Vengo del Congo. Mis hermanas saben que he venido a participar en esta reflexión teológica y esperan algo de mí a mi regreso. Lo mismo ocurre con todas las participantes en el Simposio, así como con nuestras superioras mayores, que conocerán los resultados de nuestros trabajos.

 

La imagen que elijo es, por tanto, la de la montaña y la Transfiguración.

Noticias relacionadas