15/04/2026

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3ª Semana de Pascua: Transformados por la Esperanza

3ª Semana de Pascua: Transformados por la Esperanza

 

 

« Transformadas por la Esperanza » se presenta como un espacio de escucha y discernimiento a partir de los Evangelios dominicales que acompañan nuestro camino.


La iniciativa se sitúa en el horizonte abierto por el Jubileo y desea prolongar su gracia, continuando a vivir nuestra vocación como peregrinas de esperanza en medio de los desafíos del tiempo presente.


Cada semana, a la luz de la Palabra de Dios, contemplamos un aspecto de la conversión a la que somos llamadas, dejándonos guiar por el Espíritu.

 

Para el Tercer Domingo de Pascua, el comentario al Evangelio está acompañado por la reflexión de la Hna. Martha Gabriela Hernández Martín del Campo, Superiora General de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento y Delegada de la Constelación de Roma.

Del desaliento a la esperanza, de la tristeza a la misión compartida

 

 

El Evangelio de este tercer Domingo de Pascua, es una página ejemplar que nos muestra cómo el Señor Resucitado está presente hoy en nuestra vida de fe, en nuestra vida consagrada y cómo podemos encontrarlo, no separarnos jamás de Él. En esta narración de la manifestación del Resucitado a los discípulos de Emaús es muy importante considerar la escucha del hermano en sus circunstancias y la escucha del Señor que anuncia su Palabra, así como la contemplación de su Rostro que parte el pan para nosotros, que se dona.

 

Es muy triste volver de un funeral, sobre todo cuando se trata de una persona muy cercana y querida, de pronto se experimenta un vacío, que todo ha terminado y que una tristeza invade el corazón. Así volvían hacia Emaús, estos dos discípulos (Lc 24, 13), con deseos de alejarse de la comunidad, de la cruz, de todo lo que sonara a dolor y fracaso.

 

Pero ya de camino a Emaús, Alguien se acerca discretamente (v. 15), ya no son dos, sino tres y el desconocido sigue su paso lento y pesado, los escucha decir “esperábamos, creíamos, pero no… pero no…” (cf. vv. 21.24) y les pregunta, se interesa… ¿es el único que no sabe nada de lo que ha pasado en Jerusalén? ¿vive de ilusiones o completamente ajeno a la “realidad”?  ¿Por qué no está triste, como nosotros? ¿por qué empieza a explicarles con tanto entusiasmo y vigor las Escrituras? (v. 25 – 27).

 

Del desaliento a la esperanza

 

Casi inadvertidamente una luz y un calor comienza a entrar en sus corazones y se sienten tan serenos con esa Persona que se atreven a invitarlo a quedarse con ellos, la tarde cae, la esperanza parece morir, pero “quédate con nosotros” y Él entró a quedarse con ellos (v. 29).

Sentarse a la mesa, bendecir y partir el pan para dárselos fue la señal inequívoca para reconocer al Señor, para dejarse transformar por Jesús Resucitado. (V. 31) De pronto ya no lo ven sus ojos, pero el Encuentro los ha transformado, comienza una nueva dirección, ya no se alejan, ahora se acercan a donde está la comunidad, corren juntos, la tristeza se transforma en alegría y el desaliento en esperanza.

 

De la tristeza a una misión compartida con alegría

 

Surge la necesidad de compartir, de comunicar la buena nueva a sus hermanos. El paso se hace ligero y ahora el aislamiento se vuelve comunión y la tristeza se transforma en misión compartida. Y ellos contaban sus experiencias en el camino, y cómo le habían reconocido en el partir del pan.» (v. 35)

 

Esta Palabra del Señor ilumina de una manera muy especial nuestra vida consagrada como una esperanza transformadora. El Papa León XIV en la Catequesis del 24 de septiembre 2025 expresa haciendo alusión a este pasaje, que “…no basta decir ni creer que Jesús ha muerto por nosotros: es necesario reconocer que la fidelidad de su amor ha querido buscarnos allí donde nosotros mismos nos habíamos perdido, allí donde se puede empujar solo la fuerza de una luz capaz de atravesar el dominio de las tinieblas.”

 

Es Jesús que toma la iniciativa, que nos ha llamado a seguirle, camina con nosotros y nos invita a tener sus mismos sentimientos y actitudes, a caminar con el otro, con la otra, con quien encontramos en nuestro diario caminar, para sembrar esperanza con una palabra amable, una escucha atenta y un caminar junto a quien nos necesita. Ser signos alegres, cuando parece que todo se derrumba y nos llegan sólo mensajes de guerra, destrucción, intereses egoístas, porque sabemos que Alguien camina con nosotros, entra en nuestras vidas y permanece para siempre. Nos impulsa a la misión en comunión.

 

Ante este texto maravilloso podemos preguntarnos:

 

  • ¿Tengo la iniciativa de acercarme al otro, a la otra con discreción y respeto para escuchar?
  • ¿Con mis actitudes de cercanía y sencillez trasmito una palabra de esperanza a los demás?
  • ¿Comparto el gozo de haber encontrado al Señor Resucitado y que vive en mi y yo en Él?

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