30/04/2026

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La visita de la Arzobispa Sarah Mullally a la UISG: mujeres, unidad y caminar juntas

La visita de la Arzobispa Sarah Mullally a la UISG: mujeres, unidad y caminar juntas

 

El martes 28 de abril, Sarah Mullally, Arzobispa de Canterbury de la Iglesia de Inglaterra, visitó la sede de la UISG en Roma, donde se reunió con las miembros del Consejo para un momento de diálogo y reflexión sobre el papel de las mujeres en la Iglesia y el camino hacia la unidad de los cristianos.

El encuentro comenzó con una presentación de la misión de la UISG, hoy presente a nivel mundial, incluso en contextos marcados por la vulnerabilidad, como zonas de conflicto y campos de refugiados. En este marco, se destacó con fuerza el testimonio de las mujeres consagradas, comprometidas diariamente en la promoción de la dignidad humana, el cuidado y la educación, a menudo en situaciones complejas y desafiantes.

El diálogo se centró en la contribución de las mujeres en la vida eclesial y social, subrayando la importancia de la colaboración y la corresponsabilidad. A través de las experiencias compartidas desde diversas realidades —desde Brasil hasta Pakistán, desde Japón hasta Etiopía, y en Europa occidental— emergió una presencia femenina capaz de generar relaciones, acompañar procesos y tender puentes entre comunidades y culturas.

A partir de su experiencia en Londres, la Arzobispa Mullally destacó la importancia de trabajar juntos, también en contextos interreligiosos, señalando cómo la colaboración concreta puede ayudar a afrontar desafíos comunes, como las desigualdades en el ámbito de la salud y la educación. En este sentido, subrayó el papel significativo de las mujeres en la promoción de cambios reales dentro de las comunidades.

Durante el encuentro se retomó también el tema del “caminar juntas”, una imagen central en el camino actual de la Iglesia. Caminar juntas implica reconocer y acoger las diferencias —culturales, espirituales y teológicas— y, al mismo tiempo, buscar un paso común orientado a la construcción de relaciones auténticas y a la búsqueda de la unidad.

Esta dinámica se enraíza profundamente en el Evangelio, donde la diversidad no es un obstáculo, sino un espacio donde se manifiesta la comunión. Ser “una sola cosa” no significa uniformidad, sino la capacidad de vivir la diversidad como un don, con la conciencia de que lo que une es más fuerte que lo que divide.

El encuentro concluyó con un momento de silencio y oración, como signo de gratitud por el diálogo vivido y de entrega del camino común al Espíritu.

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