21/04/2026

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Papa Francisco, el Pontífice que Tenía a las religiosas en el corazón

Papa Francisco, el Pontífice que Tenía a las religiosas en el corazón

 

 

El Papa Francisco fue el primer Pontífice jesuita en la historia de la Iglesia. Su pertenencia a una orden religiosa lo hizo especialmente atento a la vida de los consagrados. Aún hoy, a un año de su fallecimiento, su amor y afecto por ellos —a quienes consideraba «portadores de luz para las mujeres y los hombres de nuestro tiempo»— sigue haciéndose sentir con más fuerza que nunca.

 


Las consagradas, portadoras de luz para las personas de nuestro tiempo


En febrero de 2025, durante la XXIX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, recordando las palabras «Aquí estoy […] para hacer, oh Dios, tu voluntad» (Hb 10,7), el Papa Francisco invitaba a las consagradas e los consagrados a reflexionar sobre cómo, «por medio de los votos de pobreza, castidad y obediencia» que profesan, pueden ser «portadores de luz para las mujeres y los hombres de nuestro tiempo».


Al ejercer la pobreza —subrayó el Papa— «la persona consagrada, con un uso libre y generoso de todos los bienes, se convierte en portadora de bendición: manifiesta su bondad en el orden del amor, rechaza todo aquello que puede empañar su belleza —egoísmo, codicia, dependencia, el uso violento y con fines de muerte— y, en cambio, abraza todo lo que puede exaltarla: la sobriedad, la generosidad, el compartir, la solidaridad».


La virtud de la castidad consagrada —continuó— «nos muestra un camino de sanación frente al mal del aislamiento, mediante una forma de amar libre y liberadora, que acoge y respeta a todos, sin imponer ni rechazar a nadie. ¡Qué medicina para el alma es encontrar religiosas y religiosos capaces de una relacionalidad madura y gozosa de este tipo! Son reflejo del amor divino».


Por último, subrayando la importancia de la obediencia, afirmó: «La obediencia consagrada es un antídoto contra el individualismo solitario», que promueve «un modelo de relación basado en la escucha activa, en el que al “decir” y al “sentir” sigue la concreción del “actuar”, incluso a costa de renunciar a mis gustos, mis planes y mis preferencias».

 

 

Volver a la inspiración de los fundadores, sin rigideces


Con motivo de la audiencia a la Asamblea de 2022, el Papa Francisco —dejando de lado el discurso escrito y respondiendo de forma espontánea a las preguntas, exhortó a las Superioras Generales presentes a «volver a la inspiración de los fundadores, sin rigideces y en un camino sinodal de pertenencia». «La Iglesia no necesita religiosas congeladas», añadió. « Por el contrario, la vida consagrada debe insertarse en la Iglesia, pero no en una Iglesia “en el congelador”, sino en una Iglesia auténtica».
Durante el momento de agradecimientos, el Pontífice pidió perdón por todas las veces en que las autoridades eclesiásticas han explotado a las religiosas, no las han comprendido o las han privado de su independencia. «Es cierto que el obispo sigue siendo obispo, pero el religioso y la religiosa siguen siendo religiosos. Y santa Catalina de Siena, cuando tenía que discutir y hacerse valer ante un obispo, no tenía miedo: llamaba a las cosas por su nombre», afirmó.


Asimismo, al recibir a las participantes en la Asamblea Plenaria de 2013, el Papa Francisco se refirió con tono cercano a la castidad fecunda, capaz de generar hijos espirituales en la Iglesia. El Papa Francesco comento con humor «La consagrada es madre, debe ser madre y no solterona. Discúlpenme si hablo así, pero es importante esta maternidad de la vida consagrada, ¡esta fecundidad! Que la alegría de la fecundidad espiritual anime su existencia; sean madres, como imagen de María, Madre, y de la Iglesia, Madre. No se puede entender a María sin su maternidad, no se puede entender a la Iglesia sin su maternidad, y ustedes son icono de María y de la Iglesia.

 

 

La cultura del encuentro: un estilo vivido


El Papa Francisco mantuvo una relación personal,  en la lógica de la cultura del encuentro, muy significativa con las religiosas. En 2019, por ejemplo, realizó una visita inesperada a una religiosa enferma, sor Maria Mucci, quien durante varios años trabajó en la residencia Santa Marta del Vaticano, donde vivía el Pontífice.


Cinco años más tarde, se reunió con la hermana Norma Pimentel, misionera que trabaja con migrantes en Estados Unidos, a quien agradeció personalmente en un videomensaje: «Gracias por lo que usted y todo su equipo están haciendo… Gracias por la acogida a los migrantes que buscan una vida mejor, que desean desarrollarse mientras viven un infierno social».

 

Probablemente uno de sus últimos encuentros personales tuvo lugar probablemente en la Basílica de San Pedro el pasado 6 de abril, poco antes de su fallecimiento. La hermana Francesca Battiloro, en clausura desde hacía 75 años, se encontraba entonces de peregrinación en Roma cuando, durante un momento de oración, se le acercó el Obispo de Roma. Tomándole la mano y recordando una visita de 2015, le preguntó: «¿Usted es una de las religiosas de Nápoles?». Al evocar ese instante, la religiosa, de 94 años, comentó: «Había pedido a Dios encontrarlo, pero parecía imposible. Sin embargo, Él me lo envió ».
En febrero de 2025, además, el Papa se reunió con un grupo de jóvenes participantes en un evento de Talitha Kum, la red de la UISG contra la trata de personas. En esa ocasión, evocó la figura de la religiosa sudanesa santa Josefina Bakhita, recordando su testimonio como fuente de inspiración: «Nos encontramos en la víspera de su fiesta, ella fue víctima de esta terrible lacra social. Su historia nos da mucha fuerza, mostrándonos cómo, a pesar de las injusticias y sufrimientos padecidos, con la gracia del Señor es posible romper las cadenas, recuperar la libertad y convertirse en mensajeros de esperanza para quienes atraviesan dificultades».
 

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