18/02/2026
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1ª Semana de Cuaresma: Transformadas por la Esperanza
1ª Semana de Cuaresma: Transformadas por la Esperanza
“Transformadas por la Esperanza” se propone como un espacio de escucha y discernimiento sobre los Evangelios dominicales que acompañarán nuestro camino cuaresmal.
La iniciativa, promovida por las Teólogas de la UISG, se sitúa en el horizonte abierto por el Jubileo y desea prolongar su gracia, continuando a vivir nuestra vocación como peregrinas de esperanza en medio de los desafíos del tiempo presente.
Cada semana, a la luz de la Palabra de Dios, contemplaremos un aspecto de la conversión a la que somos llamadas, dejándonos conducir por el Espíritu en el camino hacia la Pascua. Es una invitación a permitir que la esperanza evangélica plasme nuestro modo de creer, de habitar la comunión y de participar en la misión de la Iglesia.
Durante la primera semana, el comentario al Evangelio de Mateo (4, 1-11) está a cargo de la Hna. Paula Noronha Jordão.
“Te conduciré al desierto…”
Jesús es llevado por el Espíritu al desierto. No va por iniciativa propia; es conducido. El Espíritu no nos evita la prueba, sino que nos invita a atravesarla a su lado. También nuestra vida como mujeres consagradas nos hace confrontarnos con tantas dificultades y tentaciones. Pero la pregunta es profunda: ¿cómo las vivimos? ¿Solas? ¿O nos dejamos guiar por el Espíritu aun en medio de la lucha?
Jesús sintió hambre después de tanto tiempo sin comer. Es normal sentir necesidad; es profundamente humano. Jesús no esconde ni justifica su hambre. La reconoce. ¿Y nosotras? ¿Qué hambres sentimos? Hambre de afecto, de reconocimiento, de descanso, de sentido. ¿Cómo nos relacionamos con nuestras necesidades? ¿Las acogemos y discernimos? ¿Buscamos responder a ellas de manera evangélica? ¿O dejamos que se conviertan en justificación para ceder a la tentación?
Apoyado en el Espíritu y en la certeza del amor del Padre, Jesús acepta pasar necesidad sin caer en la tentación de hacer las cosas a su modo, sin buscar lujos ni privilegios. Hoy, donde tantas personas viven situaciones precarias, estamos llamadas a ser signo de pobreza sencilla, de sobriedad y de desprendimiento.
En la primera tentación Jesús responde: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. ¿Crees, con Él, que solo la oración con la Palabra de Dios te puede satisfacer en tus deseos más hondos? Pídele a Jesús que así sea.
La segunda tentación nos habla de tantas veces en que nos asalta el deseo de tener razón, de ser más que los demás, de mandar, de ejercer poder. Es importante que nos demos cuenta cuando esto nos sucede y lo reconozcamos con verdad. Aun sabiendo que son impulsos profundamente humanos, como mujeres consagradas somos invitadas por Jesús a confiar siempre en el Padre, también cuando las situaciones nos contrarían, nos desinstalan o no responden a nuestras expectativas. Jesús nos conduce por otros caminos: los de una fecundidad oculta, los de esconder nuestra vida en Dios, aprendiendo a esperar la recompensa que nace en lo secreto.
En un mundo donde los más fuertes imponen su poder con violencia y buscan prestigio, es fácil caer en la tentación de querer que Dios también llene nuestras vidas de reconocimiento humano, de aplausos y de éxitos. A menudo, cuando así no sucede, hasta dudamos de la bondad de Dios. Sin embargo, como a Jesús, el Espíritu nos suele guiar por otros derroteros.
En medio de su lucha, Jesús nos invita a decir con fe “No tentarás al Señor, tu Dios”. Esto no significa bajar las manos ante las injusticias, sino seguir buscando caminos de esperanza para abrir brecha en medio de las contradicciones de nuestras congregaciones, de la Iglesia y del mundo.
Y al final del relato leemos una frase discreta: “he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían”. A lo largo de su vida, Jesús, no se dejó aturdir por las tentaciones, aunque eso le supusiera soledad, lucha, incomprensión y desconcierto. Él creyó que era el Hijo de Dios, el amado, aun en medio de la ambigüedad. Por eso, en cada reto de la vida, esperó el tiempo y buscó el modo de Dios hasta experimentar que los ángeles le servían.
También nosotras, en medio de nuestras tentaciones y de las de tantas personas, estamos llamadas a ser mujeres de esperanza fortalecidas por la gracia. ¿Como abrazas las tentaciones como parte de la vida y te dejas fortalecer por Dios hasta que los ángeles te sirvan?
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