01/04/2026

Noticias

Pascua – Transformados por la esperanza

Pascua – Transformados por la esperanza

 

 

“Transformadas por la Esperanza” se propone como un espacio de escucha y discernimiento sobre los Evangelios dominicales que acompañarán nuestro camino cuaresmal.


La iniciativa, promovida por las Teólogas de la UISG, se sitúa en el horizonte abierto por el Jubileo y desea prolongar su gracia, continuando a vivir nuestra vocación como peregrinas de esperanza en medio de los desafíos del tiempo presente.


Cada semana, a la luz de la Palabra de Dios, contemplaremos un aspecto de la conversión a la que somos llamadas, dejándonos conducir por el Espíritu en el camino hacia la Pascua. Es una invitación a permitir que la esperanza evangélica plasme nuestro modo de creer, de habitar la comunión y de participar en la misión de la Iglesia.

 

Para el Domingo de Pascua, el comentario al Evangelio está a cargo de la Hna. Mary John Kudiyiruppil, SSpS.

PASCUA – una transformación dramática de «¿Quién nos correrá la piedra?» (Mc 16,3) a «¡He visto al Señor!» (Jn 20,18)


Hemos estado reflexionando, con la ayuda de las lecturas litúrgicas de los domingos de Cuaresma, sobre la misión salvadora de Jesús en relación con nuestro camino de fe. Este camino de fe alcanza su culminación en la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, los días más sagrados para todos los cristianos.


La Iglesia nos presenta varios relatos de la resurrección para la liturgia de Pascua, todos llenos de mensajes de paz, alegría y transformación. El Evangelio de la Vigilia Pascual (Mt 28,1-10) repite dos veces: no tengáis miedo (vv. 5,10). Las mujeres en el relato estaban llenas de temor, pero también de alegría (v. 8). Esta curiosa coexistencia de miedo y alegría también aparece en el relato de Marcos, en la pregunta de las mujeres: «¿Quién nos correrá la piedra?» (Mc 16,3), y en el Evangelio de Juan en la proclamación: «¡He visto al Señor!» (Jn 20,18).


Los caminos de Dios superan los nuestros. Lo que parecía una derrota aplastante resultó ser, en realidad, la victoria más grande jamás vista. El Sábado Santo nos recuerda que las situaciones que parecen más catastróficas no siempre son lo que parecen. En un mundo devastado por la guerra y al borde de la desesperación, la resurrección de Cristo nos da la certeza de que podemos confiar en las palabras, obras y promesas de Dios: con Dios siempre hay victoria, con Cristo somos siempre vencedores.


Es importante notar cómo los Hechos de los Apóstoles y la Carta a los Romanos hablan de la resurrección de Jesús: «Dios resucitó a Jesús de entre los muertos» (Hch 2,32; Rom 6,4). Al resucitar a Jesús, Dios tiene la última palabra sobre el sufrimiento y la muerte. La Resurrección revela que Jesús vivió en plena comunión con el corazón de Dios.


A nivel personal, hace casi un año perdí a mi madre. Su muerte despertó en mí muchas preguntas y dudas sobre la vida después de la muerte, el reino de los cielos, la fe en la resurrección y la vida eterna. Hoy, a pesar del dolor y la nostalgia que su recuerdo aún provoca, puedo ver esa pérdida como algo que viene de un Dios misericordioso, amoroso y sabio, que sabe y hace solo lo mejor para nosotros. Puedo decir: fue bueno que sucediera, y como sucedió. Pero para llegar a esta comprensión, tuve que atravesar intensos Viernes Santos y silenciosos Sábados Santos. La vida nueva llega cuando dejamos ir y nos dejamos abrazar por el amor de Dios.
 

Noticias relacionadas

Proyectos y Comisiones relacionados

Programa para la preparación de Formadoras

Aprender más