17/09/2026

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Un camino de esperanza: sesenta años de Nostra aetate

Un camino de esperanza: sesenta años de Nostra aetate

 

 

A sesenta años de la Declaración conciliar Nostra aetate, la Santa Sede renueva la invitación a recorrer el camino del diálogo, la fraternidad y la paz. Un camino que continúa interpelando a la Iglesia y a la vida religiosa en un mundo marcado por conflictos, polarizaciones y nuevas formas de cerrazón.

 

El 16 de septiembre de 2026, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso publicaron conjuntamente la Nota Un camino de esperanza. Sesenta años de diálogo y fraternidad interreligiosa a la luz de la Declaración conciliar Nostra aetate.

 

Aprobado por el Papa León XIV el 22 de junio de 2026, el documento conmemora los sesenta años transcurridos desde la promulgación de Nostra aetate, el 28 de octubre de 1965, y mira hacia el futuro, reafirmando la actualidad del diálogo interreligioso como camino de encuentro, conocimiento mutuo y construcción de la paz.

 

Una semilla de esperanza que sigue creciendo

 

Nacida en el contexto de la posguerra y profundamente marcada por la tragedia de la Shoá, Nostra aetate abrió una nueva página en las relaciones de la Iglesia católica con el judaísmo y con las demás tradiciones religiosas.

 

La nueva Nota recorre este camino a través del magisterio de los Pontífices que dieron continuidad a la intuición del Concilio: desde san Pablo VI hasta san Juan Pablo II, con el histórico encuentro interreligioso de Asís de 1986; desde Benedicto XVI hasta el Papa Francisco y, finalmente, León XIV.

 

Precisamente el Papa León, en la Audiencia General del 29 de octubre de 2025, recordó que Nostra aetate nos enseña a encontrarnos con los creyentes de otras religiones «no como extraños, sino como compañeros de camino en la senda de la verdad», reconociendo las diferencias y, al mismo tiempo, nuestra humanidad común.

 

Sesenta años de diálogo y fraternidad

 

Se presta una atención particular al diálogo judeocristiano y al patrimonio espiritual común reconocido por Nostra aetate. La Nota reafirma con firmeza el rechazo de toda forma de antisemitismo y recuerda la responsabilidad de los cristianos de custodiar y profundizar esta relación.

 

El documento contempla también los numerosos «frutos visibles y silenciosos» que han madurado durante estos sesenta años: el diálogo con el islam, el hinduismo, el budismo y las religiones tradicionales; los encuentros entre líderes y comunidades religiosas; las iniciativas educativas y humanitarias; y la colaboración en favor de los pobres, los migrantes, los refugiados y las víctimas de conflictos y discriminaciones.

 

Entre estas experiencias se menciona también la Women’s Network for Interreligious Dialogue, signo de la contribución específica que las mujeres pueden ofrecer a la construcción de relaciones, al conocimiento mutuo y a la paz.

 

Sin embargo, el camino no ha concluido. Persisten incomprensiones, resistencias y desconfianzas, dentro y fuera de la comunidad eclesial. Por ello, la Nota invita a invertir en una verdadera «pedagogía del diálogo», capaz de formar en el conocimiento de las demás tradiciones religiosas, la escucha y el encuentro.

 

Identidad y apertura: un desafío para nuestro tiempo

 

Dialogar no significa renunciar a la propia identidad. La Nota rechaza tanto la idea de crear una especie de religión mundial en la que se borren las diferencias como la tentación opuesta de refugiarse en identidades cerradas y autorreferenciales.

 

La imagen propuesta es la del poliedro: muchas caras, cada una con su propia identidad, capaces de formar juntas una realidad más rica.

 

Es una imagen particularmente significativa también para la vida religiosa, llamada cada día a vivir el encuentro entre culturas, lenguas, pueblos y sensibilidades diferentes. El diálogo no es solamente algo que debe promoverse fuera de nuestras comunidades: es un estilo de relación que debemos aprender y practicar cada día.

 

En un mundo atravesado por guerras, polarizaciones, fundamentalismos y nuevas formas de exclusión, Nostra aetate continúa indicando un camino posible: encontrarnos sin borrar las diferencias, conocernos sin tener miedo del otro y colaborar sin renunciar a la propia identidad.

 

Sesenta años después, este camino de esperanza sigue abierto. La Iglesia nos invita a recorrerlo juntos, convirtiéndonos en constructores de puentes y artesanos de paz y fraternidad.

 

Lee el texto íntegro de la Nota

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