13/05/2026

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7ª Semana de Pascua: Transformadas por la Esperanza

7ª Semana de Pascua: Transformadas por la Esperanza

 

 

« Transformadas por la Esperanza » se presenta como un espacio de escucha y discernimiento a partir de los Evangelios dominicales que acompañan nuestro camino.


La iniciativa se sitúa en el horizonte abierto por el Jubileo y desea prolongar su gracia, continuando a vivir nuestra vocación como peregrinas de esperanza en medio de los desafíos del tiempo presente.


Cada semana, a la luz de la Palabra de Dios, contemplamos un aspecto de la conversión a la que somos llamadas, dejándonos guiar por el Espíritu.

 

En la Séptima Semana de Pascua, la reflexión sobre el Evangelio según san Juan (Jn 17,1-11) está a cargo de la Hna. Theresia Supriyati sjmj, Superiora General de las Hermanas de Jesús, María y José.

Conocerte más profundamente: de pequeños pasos a pasos más grandes

 

 

Me conmovió profundamente el Evangelio del VII Domingo de Pascua (Juan 17,1–11a), especialmente el versículo 3: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado».
Una palabra tocó particularmente mi corazón: “conocer”.

 

En la vida cotidiana, las personas buscan conocerse unas a otras. A veces este conocimiento permanece superficial: conocer el nombre de una persona, su congregación, su trabajo o sus aficiones. Es un tipo de conocimiento informativo. Pero en el Evangelio de hoy, Jesús revela un significado mucho más profundo del “conocer”. Habla de un conocimiento relacional: una comunión de vida y de amor.

 

Jesús sabía profundamente que había sido enviado por el Padre para traer la vida eterna al mundo. Para Él, la vida eterna significaba vivir en completa unión con el Padre. Todo lo que Jesús hacía — encontrar a los discípulos, acoger a los niños, escuchar a los pobres, sanar a los enfermos, acompañar a los marginados — brotaba de esta relación íntima con el Padre. Toda su misión consistía en glorificar al Padre para que también los demás pudieran llegar a conocerlo.

 

Este Evangelio habla profundamente a nuestra vida consagrada en misión. Como personas consagradas, estamos llamadas no solo a hablar de Dios, sino a vivir en profunda comunión con Él para que nuestra vida se convierta en testimonio de su amor. Nuestra misión está enraizada en la relación: relación con Dios y con las personas a quienes servimos. El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, nos recuerda que no debemos vivir vidas aisladas o elitistas, sino salir con valentía, dejando nuestras zonas de confort para acompañar a las personas en sus luchas, especialmente a los pobres y marginados. A través de una presencia compasiva, una escucha atenta y un servicio humilde, nos convertimos en signos de esperanza para quienes se sienten abandonados o desanimados.

 

Diálogo en la vida cotidiana

 

Hoy también veo un signo de esperanza que surge de este Evangelio en el creciente espíritu de diálogo y fraternidad en nuestro mundo. En nuestras sociedades vivimos junto a personas de diferentes culturas y religiones. A través de los encuentros cotidianos, el diálogo interreligioso, el respeto mutuo y la preocupación compartida por la humanidad, damos pequeños pasos hacia la paz y la comprensión. El Papa León XIV llama continuamente a la paz, al diálogo y al respeto de la dignidad humana, condenando la violencia y el mal uso de la religión. Sus llamados nos animan a convertirnos en constructoras y constructores de reconciliación y esperanza.

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Un pequeño paso puede convertirse en el inicio de un paso más grande

 

En nuestra misión diaria, caminando junto a nuestros hermanos y hermanas con apertura y compasión, ayudamos a revelar la presencia de Dios en el mundo. A través de estos sencillos actos de amor y diálogo, las personas pueden llegar a conocer más profundamente al único Dios verdadero, fuente de la vida eterna.

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