06/05/2026
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6ª Semana de Pascua: Transformadas por la Esperanza
6ª Semana de Pascua: Transformadas por la Esperanza
« Transformadas por la Esperanza » se presenta como un espacio de escucha y discernimiento a partir de los Evangelios dominicales que acompañan nuestro camino.
La iniciativa se sitúa en el horizonte abierto por el Jubileo y desea prolongar su gracia, continuando a vivir nuestra vocación como peregrinas de esperanza en medio de los desafíos del tiempo presente.
Cada semana, a la luz de la Palabra de Dios, contemplamos un aspecto de la conversión a la que somos llamadas, dejándonos guiar por el Espíritu.
En la Sexta Semana de Pascua, la reflexión sobre el Evangelio según san Juan (Jn 14,15-21) está confiada a Sr Dorina Zanoni, Superiora General de las Hermanas de la Santa Cruz.
La ternura de Dios que nunca nos abandona
Hay un miedo misterioso y profundo en el corazón de toda persona: el miedo a quedarse sola, abandonada… el miedo a perder los afectos más queridos y quedar huérfana. Es muy significativo y hermoso que, en el Evangelio de este Sexto Domingo de Pascua, Jesús se acerque a sus discípulos tristes y asustados con palabras que consuelan: “No los dejaré huérfanos” (Jn 14,18).
Toda la Escritura está atravesada por la declaración amorosa de Dios a su pueblo: “Yo estoy contigo”. Es la proclamación de un amor que permanece siempre, especialmente en los momentos difíciles. En Jesús, esta cercanía fiel que nunca abandona “se hizo carne” (Jn 1,14): presencia real, experiencia que alcanza el corazón humano, lo consuela y lo transforma.
“No los dejaré huérfanos” es la promesa de Jesús, una promesa que se cumple gracias al don del Espíritu Santo, el Paráclito. En efecto, el Espíritu Santo, don del Padre, estará siempre con nosotros, permanecerá junto a nosotros y estará en nosotros (cf. Jn 14,17).
Para nosotras, mujeres consagradas, la certeza inquebrantable de la presencia de Dios en nuestras vidas y en la historia de la humanidad es la fuente de todo lo que somos y hacemos. El no sentirnos nunca huérfanas — especialmente en los momentos complejos de nuestra historia personal y frente a los desafíos del mundo actual — nos abre con confianza a las personas que encontramos y a los ministerios que estamos llamadas a realizar.
Es precisamente de esta profunda conciencia de donde brota una energía siempre nueva, que nos lleva a acercarnos a cada persona con el estilo materno de la Iglesia, que cuida con amor de sus hijos. Con la fuerza del Espíritu nos convertimos verdaderamente en testigos de una Esperanza que no defrauda (Rm 5,5), generadoras de una Esperanza capaz de anunciar con “palabras y obras” a toda la humanidad la certeza de ser amada, nunca abandonada, nunca huérfana.
En este domingo, en el que en Italia celebramos también el Día de la Madre, damos gracias juntos al Señor por todas las madres y por aquellas personas que, con su estilo materno, nunca nos han dejado huérfanas, porque han sido para nosotras una presencia en la que podíamos confiar… una semilla de Esperanza que sigue dando fruto también hoy.
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María del Socorro Camacho
Gracias por la reflexión. espero poder seguir esta página de la UISG. No tengo ningún cargo Congregacional, pero los comentarios y reflexiones nutren y la Vida Religiosa y la entrega de cada día.