18/03/2026
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5ª Semana de Cuaresma: Transformadas por la Esperanza
5ª Semana de Cuaresma: Transformadas por la Esperanza
“Transformadas por la Esperanza” se propone como un espacio de escucha y discernimiento sobre los Evangelios dominicales que acompañarán nuestro camino cuaresmal.
La iniciativa, promovida por las Teólogas de la UISG, se sitúa en el horizonte abierto por el Jubileo y desea prolongar su gracia, continuando a vivir nuestra vocación como peregrinas de esperanza en medio de los desafíos del tiempo presente.
Cada semana, a la luz de la Palabra de Dios, contemplaremos un aspecto de la conversión a la que somos llamadas, dejándonos conducir por el Espíritu en el camino hacia la Pascua. Es una invitación a permitir que la esperanza evangélica plasme nuestro modo de creer, de habitar la comunión y de participar en la misión de la Iglesia.
Durante el quinto domingo de Cuaresma, el comentario al Evangelio de Juan (11,1–45) está a cargo de Hna. Julia María Violero Álvarez.
“El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá …¿Crees esto?”
En este relato, el evangelista orienta nuestra atención hacia el itinerario de fe que recorren Marta y María, cuyos nombres aparecen hasta ocho veces a lo largo del pasaje. En ellas se sitúa el diálogo teológico fundamental del relato. Ambas hermanas reaccionan de modo distinto, pero coinciden en una misma confesión dirigida a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Su fe reconoce en él al que ha curado a otros y que también habría podido evitar esta muerte. Sin embargo, el signo que Jesús realizará no tiene como finalidad simplemente devolver la vida a Lázaro, sino conducir a los discípulos y a quienes están presentes a una comprensión más profunda de quién es él realmente. El propio Jesús expresa que su demora está relacionada con el crecimiento de la fe de sus discípulos.
Si contemplamos el pasaje desde esta perspectiva, resulta fecundo fijar la mirada en María. El relato se sitúa explícitamente en «la aldea de María y de su hermana Marta». Desde el inicio se subraya que «Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro». El verbo utilizado por Juan es ἀγαπάω (agapáo), que expresa un amor pleno, gratuito y dispuesto a entregarse. María aparece además presentada como una figura ya conocida por los destinatarios del evangelio: «era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos». El evangelista menciona aquí un gesto que narrará solo en el capítulo siguiente, estableciendo así una relación anticipada entre la escena de Betania y la unción que preludia la Pasión.
En realidad, todo el relato establece una relación entre presente y futuro. El signo que Jesús está a punto de realizar anticipa tanto su propio destino como el proceso interior de fe de quienes lo rodean, especialmente de María y de su hermana.
Jesús permanece fuera de la aldea y no entra hasta que María llega. El texto sugiere una espera significativa. «Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle se postró a sus pies». Repite las mismas palabras que Marta había pronunciado antes, pero el relato no se detiene en un diálogo prolongado. María sabe que solo él puede comprender su dolor. Y Jesús llora con ella. «Conmovido fuertemente» por su sufrimiento, su llanto no es un gesto de impotencia, sino la expresión de una compasión que asume el drama humano. El Hijo de Dios entra en la experiencia del dolor y de la muerte que pesa sobre quienes ama.
Al mismo tiempo se vislumbra que también él deberá atravesar la muerte para revelar plenamente que él es la Vida.
En esta escena resuenan también ecos del episodio narrado por Lucas en la visita de Jesús a casa de Marta y María. Allí, María estaba sentada a los pies del Maestro escuchando su palabra. Aquí, permanece sentada en casa hasta que el Maestro la llama. El detalle es significativo: María no se mueve impulsivamente; espera. Permanece hasta que llega la llamada.
Si contemplamos conjuntamente las tres escenas evangélicas en las que aparece María de Betania, emerge su itinerario espiritual. En la primera aprende a situarse a los pies de Jesús para escuchar su palabra y custodiarla en el corazón. En la segunda aprende a esperar la llamada del Maestro. Su lógica le dice que Jesús podría haber evitado la muerte de su hermano, pero su fe comienza a madurar y descubre que el Señor tiene sus tiempos.
Finalmente, en Jn 12, María vuelve a inclinarse a los pies de Jesús, no ya para escucharle, sino para habitar un silencio cargado de gestos de gratuidad y amor. El perfume derramado simboliza una vida entregada sin reservas. Como el perfume que se gasta por completo, la vida ofrecida por amor puede parecer inútil a los ojos del mundo. Sin embargo, el gesto de María revela una profunda comunión con el corazón de Cristo. María cuida a Jesús en el momento en que su camino hacia la cruz comienza a hacerse evidente.
El relato concluye afirmando que muchos de los que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él. La casa de María se convierte así en un lugar donde la fe comienza a nacer. La fe se difunde como el perfume, no puede retenerse ni controlarse, sino que se expande gratuitamente.
Contemplado desde nuestra realidad actual, este evangelio nos plantea una pregunta exigente. En un mundo marcado por la guerra, la creciente hostilidad y la incertidumbre, ¿qué tipo de presencia estamos llamadas a ofrecer? Si la casa de María fue lugar de encuentro con el Dios verdadero, también hoy estamos invitadas a recrear espacios de hogar, acogida y escucha.
El camino cuaresmal hacia la Pascua es un camino repleto de miradas y gestos con el Maestro. De palabras sinceras y desnudas, entrecruzadas con él en la intimidad del corazón. Como María, estamos invitadas a pasar de la lógica limitada del «si hubieras estado aquí» a una fe que aprende a esperar, a escuchar y finalmente a entregarse, derramando el perfume de la propia vida.
Ante toda tumba y lugar de muerte, hagamos posible que resuene la palabra de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees esto?». Jesús no es una promesa para un futuro mejor, es la Vida, en presente.
© Imagen de Alexander Fox | PlaNet Fox de Pixabay
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