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Asamblea de Delegadas de la Unión Internacional de Superioras Generales Varsovia, 22 26 de Noviembre 2005 Historias de ReconciliaciónSr. Margarita Maria Dibildox |
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¿Cuáles son las “heridas” de la humanidad que deben ser atendidas y cómo las están abordando las religiosas? En el complejo contexto socio-cultural de México, las religiosas nos vemos confrontadas por los desafíos que presenta nuestra realidad: · la pobreza y marginación de las mayorías: la clase media tiende a desaparecer; pocos ricos cada vez más ricos y muchos pobres cada vez más empobrecidos. · el sistema social injusto, · los abusos que lesionan la dignidad humana: la corrupción y la violencia, · la pérdida de valores y sentido de la vida. Entre la juventud se da una actitud de relativismo: todo “depende”… (práctica de la religión, toma de decisiones…) Desde esta realidad resuena la voz de Dios: “He visto la aflicción de mi pueblo…” (Ex 3, 7) “¿A quién enviaré?” (Is 6, 8). Nos sentimos interpeladas a hacer de las personas excluidas los destinatarios privilegiados de nuestro servicio apostólico, a estar presentes y asumir la defensa de la vida y de los derechos humanos en la periferia, en las situaciones donde se viven la pobreza y el riesgo, donde la humanidad ha sido golpeada y arrojada a la orilla del camino. Pero muchas veces hemos reaccionado como el sacerdote y el levita de la parábola: pasando de largo. Las religiosas hemos de confesar que no estamos verdaderamente comprometidas con los más pobres. Las escuelas católicas de México, en su mayoría, se encuentran en áreas geográfica y socialmente privilegiadas mientras que existen amplias zonas donde no existe ni una sola comunidad. No nos hemos puesto decididamente al servicio de los marginados; no hemos levantado nuestra voz en defensa de quienes sufren abusos y atropellos; no hemos sabido ser un signo creíble de la “entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lc 1, 78). Sin embargo, se dan también innumerables testimonios de presencia, cercanía y solidaridad; signos positivos de expresión de la pasión por Cristo y por la humanidad: · Muchas comunidades religiosas siguen ejerciendo su servicio testimonial y profético en puestos de vanguardia evangelizadora, a pesar de que el trabajo pastoral que realizan las religiosas en parroquias de zonas marginales con frecuencia no es reconocido ni remunerado. Estas comunidades dependen enteramente de su Congregación. · No hemos permanecido como observadoras pasivas ante las catástrofes naturales, como los huracanes que recientemente asolaron las poblaciones del sur de México y de Centro América. A través de la CIRM se han establecido redes de información y de solidaridad no sólo mediante la ayuda económica, sino también haciéndonos presentes para ofrecer nuestra ayuda y alentar la esperanza. · En reuniones intercongregacionales, a través de la oración, la reflexión teológica y el análisis de la realidad, queremos dejarnos interpelar por Dios y abrir nuevos cauces a nuestro servicio testimonial y evangelizador en México. · Seguimos cuestionándonos sobre la mejor manera de formar a las nuevas generaciones de religiosas en una espiritualidad más encarnada, en fidelidad creativa a la inspiración y ejemplo de nuestros fundadores y fundadoras. · Queremos seguir animando a nuestras comunidades al discernimiento personal y comunitario que facilite la renovación religiosa y apostólica y nos permita ser verdaderamente “mujeres al servicio de la reconciliación y la paz”. |
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