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Asamblea de Delegadas

de la Unión Internacional de Superioras Generales

Varsovia, 22 – 26 de Noviembre 2005

Historias de Reconciliación

Sr. Margarita Maria Dibildox


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2004 RIUNIONE PLENARIA

COMUNICATI STAMPA

¿Cuáles son las “heridas” de la humanidad que deben ser atendidas y cómo las están abordando las religiosas?

En el complejo contexto socio-cultural de México, las religiosas nos vemos confrontadas por los desafíos que presenta nuestra realidad:

·        la pobreza y marginación de las mayorías: la clase media tiende a desaparecer; pocos ricos cada vez más ricos y muchos pobres cada vez más empobrecidos.

·        el sistema social injusto,

·        los abusos que lesionan la dignidad humana: la corrupción y la violencia,

·        la pérdida de valores y sentido de la vida. Entre la juventud se da una actitud de relativismo: todo “depende”… (práctica de la religión, toma de decisiones…)

Desde esta realidad resuena la voz de Dios: “He visto la aflicción de mi pueblo…” (Ex 3, 7) “¿A quién enviaré?” (Is 6, 8). Nos sentimos interpeladas a hacer de las personas excluidas los destinatarios privilegiados de nuestro servicio apostólico, a estar presentes y asumir la defensa de la vida y de los derechos humanos en la periferia, en las situaciones  donde se viven la pobreza y el riesgo, donde la humanidad ha sido golpeada y arrojada a la orilla del camino.

Pero muchas veces hemos reaccionado como el sacerdote y el levita de la parábola: pasando de largo. Las religiosas hemos de confesar que no estamos verdaderamente comprometidas con los más pobres. Las escuelas católicas de México, en su mayoría, se encuentran en áreas geográfica y socialmente privilegiadas mientras que existen amplias zonas donde no existe ni una sola comunidad. No nos hemos puesto decididamente al servicio de los marginados; no hemos levantado nuestra voz en defensa de quienes sufren abusos y atropellos; no hemos sabido ser un signo creíble de la “entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lc 1, 78).

Sin embargo, se dan también innumerables testimonios de presencia, cercanía y solidaridad; signos positivos de expresión de la pasión por Cristo y por la humanidad:

·        Muchas comunidades religiosas siguen ejerciendo su servicio testimonial y profético en puestos de vanguardia evangelizadora, a pesar de que el trabajo pastoral que realizan las religiosas en parroquias de zonas marginales con frecuencia no es reconocido ni remunerado. Estas comunidades dependen enteramente de su Congregación.

·        No hemos permanecido como observadoras pasivas ante las catástrofes naturales, como los huracanes que recientemente asolaron las poblaciones del sur de México y de Centro América. A través de la CIRM se han establecido redes de información y de solidaridad no sólo mediante la ayuda económica, sino también haciéndonos presentes para ofrecer nuestra ayuda y alentar la esperanza.

·        En reuniones intercongregacionales, a través de la oración, la reflexión teológica y el análisis de la realidad, queremos dejarnos interpelar por Dios y abrir nuevos cauces a nuestro servicio testimonial y evangelizador en México.

·        Seguimos cuestionándonos sobre la mejor manera de formar a las nuevas generaciones de religiosas en una espiritualidad más encarnada, en fidelidad creativa a la inspiración y ejemplo de nuestros fundadores y fundadoras.

·        Queremos seguir animando a nuestras comunidades al discernimiento personal y comunitario que facilite la renovación religiosa y apostólica y nos permita ser verdaderamente “mujeres al servicio de la reconciliación y la paz”.

  • Una historia:

             El Altiplano es una región semidesértica al norte de México. Aquí el agua es un artículo de lujo y sólo se consigue levantar una cosecha de maíz si llueve en la temporada. En un tiempo hubo minas de plata, pero los dueños las explotaron hasta acabar con ellas. Ahora las familias viven una pobreza extrema, en casas de adobe (barro mezclado con paja), en una habitación que sirve para todo. No hay esperanza de mejorar la situación y se vive con lo mínimo. Los jóvenes tienen la ilusión de pasar “al otro lado”, a Estados Unidos, para buscar un trabajo que les permita ayudar a sus familias, pero pocos lo consiguen, y éstos generalmente no regresan. En esta situación, muchas chicas recurren por la prostitución, sentándose a la orilla del camino para ofrecer sus servicios a los que pasan por el camino.

             Estas mujeres quedan así expuestas al tráfico de personas, y esto es sólo la punta del iceberg. Subyacen muchos otros problemas como el abandono de niños, el aborto, la venta clandestina de niños no deseados a matrimonios que buscan una adopción fácil…

    Muchas comunidades religiosas se han dejado interpelar por Dios a través de esta realidad y otras similares. El primer objetivo de las Hermanas ha sido buscar nuevas alternativas para las chicas, a fin de que pudieran dejar la prostitución y recuperar una vida digna. Hablaron con ellas, las convencieron de no recurrir al aborto y  ayudaron a muchas a encontrar un trabajo. Establecieron cursos de promoción humana y dedicaron su tiempo y su energía a caminar con el pueblo en busca de una vida más digna y humana para todos. Aun no se ha avanzado bastante, pero la presencia de las Hermanas ha tenido un fuerte impacto evangelizador. Al Sacerdote lo ven muy pocas veces, sólo cuando va a decir Misa. Las Hermanas están ahí, conocen a las familias, viven como ellos en pobreza y sencillez. Su consagración religiosa es una expresión de la pasión por Cristo en la pasión por la humanidad que El vino a liberar.