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Reflexiones sobre la Vida en Polonia
Hna. Jolanta Olech, USJK El montaje que acabamos de ver nos da un breve resumen histórico que ayuda a situar mi tema. Nos llevó al año 1989 en el que se dieron cambios radicales en Polonia y en esta parte de Europa que fue un satélite de la Unión Soviética, después del Imperio Ruso. Sin embargo, este cambio tan esperado, deseado y preparado clandestinamente, tomó a todos por sorpresa; nadie esperaba que los comunistas renunciaran al poder sin tomar las armas, sin derramamiento de sangre, de una manera casi democrática. Este cambio fue provocado por las primeras elecciones democráticas después de 60 años- que el partido de oposición había negociado con el partido que regía. Se formó un nuevo Parlamento en el que hubo un fuerte grupo del Solidarnosc. El primer gobierno democrático se estableció. No tenemos tiempo ahora para analizar todas las razones de esta enorme transición, sin embargo, es necesario decir que fue uno de los milagros con los que la Providencia de Dios cambia la faz de la tierra. Para Polonia, los últimos 15 años han sido un período maravilloso, emocionante y al mismo tiempo difícil; lleno de alegría, gratitud, esperanza y ansiedad. Me voy a centrar en tres aspectos: el estado general de las cosas , la Iglesia en una nueva realidad y la vida religiosa en una Polonia libre. 1. Polonia hoy Hoy, Polonia es un país libre y democrático, miembro de la Unión Europea. La historia de esta libertad tiene apenas 15 años, por lo cual es fácil entender que hay mucho que hacer en todos los sectores de la vida. Tenemos un Parlamento (dos Cámaras) que se elige por medio de elecciones legislativas; un Gobierno habitualmente formado por el partido vencedor en coalición con otros partidos y un Presidente cuyo trabajo consiste en representar y administrar diversas situaciones. Durante los últimos 15 años las preferencias políticas han pasado de un extremo al otro (como es el caso en numerosos países), es decir, de derecha a izquierda (a pesar de las experiencias anteriores) y viceversa. Lo que sucede ahora: después de los cuatro años de la izquierda en el poder, que fueron sacudidos por crisis políticas y económicas y por otros factores, vencieron dos partidos surgidos de Solidaridad: uno más liberal y el otro más centrado en las reformas sociales. El problema principal en estos años parece haber sido la falta de confianza de la gente hacia todos los partidos políticos que se disputaban el poder ( ordinariamente sólo un 50 % de la población, más o menos, va a votar). Nuestro país ha pasado por reformas radicales: reformas políticas (clarificación de diferentes orientaciones políticas: desde la derecha, pasando por el centro liberal, hasta la izquierda post-comunista y hasta los partidos más o menos populistas); la creación de un nuevo personal administrativo, libre de toda influencia política; políticas claras en el país y en el extranjero; reformas legales (adaptación de la legislación a la nueva situación del país, de acuerdo con las normas Europeas); reformas municipales (dando más poder a las municipalidades y a las regiones); reformas económicas (libre comercio, privatización de empresas, industrias, bancos, etc., políticas financieras, cambios económicos con sus inevitables “asuntos” y abusos, a veces conectados con la mafia nacional e internacional); reformas sociales (reformas en los servicios de salud, de la educación, de la jubilación, de la seguridad médica, de la asistencia social y de todo el sistema social heredado del régimen comunista). Todos estos cambios se fueron dando simultáneamente en un país arruinado por los 50 años de administración de la parte predatoria. Uno de los resultados de la situación mencionada fue la ruptura de una estructura social entre fortunas suntuosas y zonas de pobreza; la rápida ascensión de las clases ricas y la caída de la clase media; acompañadas de un alto porcentaje (cerca del 45%) de personas viviendo debajo de la media nacional, un alto desempleo que alcanza el 20%; elementos del capitalismo salvaje (explotación de trabajadores, salarios bajos, mercado negro); emigración económica y otras. Otro efecto de esta nueva situación ha sido la crisis familiar causada por la dificultad para satisfacer las necesidades básicas de la vida, por la disminución de la tasa de natalidad, que crea problemas demográficos y un sentimiento de frustración provocado por todos estos cambios. Fenómenos difíciles y negativos en el plan político y social han engendrado un sentimiento de decepción en nuestra sociedad. Pensábamos que con la caída del comunismo nuestra vida sería automáticamente mejor, más segura y con más riqueza. Para muchos, sin embargo, la realidad ha llegado a ser muy dura de soportar. Esta es la razón por la cual en algunas personas hay sentimientos de nostalgia de un pasado desdichado pero que parecía asegurar una cierta estabilidad. Hoy, más que nunca, realizamos que el sistema de mentira del comunismo hirió a muchos miembros de nuestra sociedad, creando un abismo entre el Estado y los ciudadanos, causado por una falta de confianza en el gobierno, desarrollando una actitud reivindicativa en lo que se refiere a las necesidades individuales y al simple deseo de sobrevivir. Se requiere un esfuerzo, por largo tiempo, para sanar estas heridas profundas y para reconciliarse con el pasado. A menudo es difícil recordar a los demás que deben tomar sus responsabilidades para el bien común, ser solidarios y esforzarse en trabajar por el bien de los demás. Además de estas heridas causadas por el sistema de mentira, la gente se ha visto afectada por el proceso de secularización que reina en Europa y por el estilo de vida presentado por los medios de comunicación, de los cuales los jóvenes son las víctimas principales. Encontramos muchos problemas políticos, económicos y sociales. Es imposible hablar de todos ellos. Los más importantes parecen ser: . la necesidad urgente de una estabilidad política, y que una persona confiable cree un programa a largo plazo (esto no se logra por los constantes cambios de gobierno); . mejorar la economía del país, lo cual provocará una actitud de confianza hacia los cambios; disminución del desempleo, seguridad económica para los pobres, especialmente para las familias numerosas; . dar una atención especial a la educación de los niños y de los jóvenes para proporcionarles oportunidades iguales en la vida; . ejercitarse en el cambio y estimular en la gente el sentido de responsabilidad por su país. Al mismo tiempo se llega a pensar en adquirir progresivamente la libertad y esto crea un ímpetu para una acción más dinámica, especialmente en el seno de las generaciones jóvenes. El país cambia para bien, con rapidez, en todas sus dimensiones: interés por tener una mejor educación, espíritu de iniciativa, deseo de construir una vida más digna y creativa para sí mismo y para su familia, interés por abrirse al mundo exterior. Todo esto y muchas cosas más dan esperanza para el futuro. La entrada en la Unión Europea no ha producido todavía cambios esenciales, sin embargo, da esperanza para una estabilidad y paz en esta región. 2. La Iglesia Polaca Bajo el régimen comunista, la Iglesia representó para todos y de manera constante una institución muy importante en la sociedad y era digna de respeto Sin embargo fue constantemente asediada. El período más difícil duró hasta el año 1956 cuando el partido en el poder trató de erradicar la fe y liquidar a la Iglesia. La sabiduría del Cardenal Stephan Wyszynski y la actitud de la nación obtuvieron la victoria en esta lucha implacable. Los años siguientes fueron, quizá, menos dramáticos, pero igualmente duros. Las autoridades cambiaron sus tácticas de combate, pero no abandonaron en nada su objetivo principal. Si no era posible destruir la Iglesia, era necesario debilitarla, desacreditar a su gente, con el fin de que la nación perdiera confianza en ella e incluso la fe. La pérdida gradual del poder, en una parte del gobierno, provocó un aumento de libertad que la Iglesia supo utilizar para su trabajo pastoral y para ayudar a la gente. Los 50 años de dominación comunista fueron sinónimos de vigilancia constante. Fueron como vivir en una fortaleza asediada. A pesar de la situación difícil, Polonia permaneció como un país cristiano(1). La experiencia del comunismo le hizo tomar mayor conciencia de su identidad. Además, Juan Pablo II fue para ello un factor importante. Fue, y esperamos que permanezca, un don que no tiene precio, un inspirador y una ayuda para la Iglesia polaca, tanto en el tiempo del régimen comunista como en el período de transición. Para la Iglesia polaca, recobrar la libertad fue una oportunidad y un reto importantes. Una oportunidad, pues ahora podía vivir y trabajar hacia sus metas sin ser restringida por leyes injustas y sin interferencias de las autoridades. Mencionaré algunos cambios que se dieron : · Las relaciones entre la Iglesia y el Estado se establecieron (basadas en la autonomía y en la separación de las dos entidades); también las relaciones Estado-Vaticano (re-establecimiento de la Nunciatura, abandono de privilegios especiales del Primado, comunicación directa). Esto dio a toda la Iglesia y a sus comunidades una seguridad legal y la posibilidad de actuar de acuerdo a su papel y a su carisma propio. Dejamos de vivir en condiciones anormales. La vida normal volvió con todo su peso. · Las Diócesis fueron re-organizadas y se hicieron más pequeñas con el fin de facilitar el trabajo pastoral. Se erigieron nuevas metrópolis. La Conferencia de los Obispos revisó sus estatutos a la luz de las normas de la Iglesia Universal. Se creó una Capellanía Militar hizo posible ir al encuentro de grupos de personas hasta entonces inalcanzables (soldados, fuerzas de policía, militares en uniforme, guardianes en las prisiones, etc.) · Se ha podido desarrollar el trabajo parroquial (gracias también a que hay un creciente número de vocaciones sacerdotales), crear nuevas parroquias, construir nuevas iglesias, “dejar la sacristía” y acrecentar el compromiso de los laicos creando nuevas organizaciones, movimientos, asociaciones (prohibidas durante el régimen comunista), ---------------------------- (1) Cerca del 95% de polacos se consideran católicos. Existen también, minorías religiosas pero no son numerosas (incluyendo Musulmanes). Los grupos más importantes, después de los Católicos, son los Ortodoxos y Protestantes de varias iglesias (cerca del 2%). El 2% de la población se declara atea. Estas cifras son el resultado de recientes encuestas sociales. Cerca del 60% de los Católicos participa regularmente en la vida de la Iglesia y va a la Santa Misa los domingos. Lo cual no significa necesariamente una actitud coherente en la vida diaria como en cualquier otra parte del mundo. Hasta el final del Liceo los niños y los jóvenes reciben enseñanza religiosa en las escuelas, impartida por varios miles de catequistas sacerdotes, religiosas y laicos. Una formación religiosa adicional se ofrece y puede ser profundizada en las parroquias locales. Hay 44 diócesis en Polonia, incluyendo la Capellanía para los Militares, dos diócesis Católicas-Griegas, y una prelatura personal del Opus Dei. Los obispos están unidos en una Conferencia Episcopal. Tenemos alrededor de 23.000 sacerdotes diocesanos, 5.000 sacerdotes religiosos y 10.000 parroquias. organizar actividades caritativas en todos los niveles (Caritas ha vuelto a ser una organización eclesial responsable de las obras de caridad en el país e involucrada en la ayuda a las víctimas de desastres en todo el mundo). · La Religión, como materia de enseñanza, regresó a las escuelas elementales y secundarias, de acuerdo a la Constitución que garantiza la libertad del ciudadano de profesar su fe. También volvió la posibilidad de formar a más catequistas (incluyendo a catequistas laicos) y de prepararlos mejor. Han surgido muchos cambios en el trabajo de pastoral parroquial y en el trabajo pastoral con los niños y jóvenes. · La Iglesia puede ahora ser más activa en el trabajo académico y científico, especialmente en lo que se refiere a la vida de la Iglesia. Nació la segunda Universidad Católica; se han abierto colegios universitarios y escuelas superiores; en algunas universidades de las grandes ciudades se han agregado facultades de Teología. Esas escuelas forman profesores en todos los niveles incluyendo catequistas y laicos. Se han establecido nuevos Centros de publicaciones para la difusión de obras de teología y espiritualidad. (que era imposible adquirir o que estaban limitadas durante el régimen comunista) · Durante estos 15 años se ha desarrollado la red de escuelas católicas desde la escuela maternal hasta la universidad; se han establecido nuevos centros de renovación espiritual y de formación cristiana. Se han re-organizado las instituciones caritativas para responder a diferentes necesidades materiales y espirituales- como la educación, la búsqueda de empleos, la ayuda a los marginados. Las órdenes religiosas se han involucrado mucho en estos servicios de caridad. Es imposible mencionar todo. Los años pasados han sido ricos, de mucho trabajo y bien utilizados. Las oportunidades dadas a la Iglesia en la nueva situación van con los retos. Tratamos de enfrentarlos siendo conscientes de que tenemos que asumirlos para el presente y para el futuro. He aquí algunos de ellos: · Deberíamos ser capaces de no caer en la tentación del triunfalismo; capaces de no entrar en los discursos políticos (principalmente porque varios grupos han tratado de usar la autoridad de la Iglesia), ni quedarnos en nuestra fortaleza o dejar las cosas seguir su curso. Es importante conservar un cierto estatuto en la sociedad, quedándose del lado de Dios y de la gente y no del lado de la política. La Iglesia debe permanecer la Madre de todos, abrir el diálogo con todo el mundo y mantenerse del lado de la nación, como lo ha hecho durante siglos. Nunca ha sido fácil actuar de esta manera, pero hemos ido adquiriendo experiencia. · Al mismo tiempo, en la multidimensional transformación del país ya evocada, ha sido necesario ser la conciencia y la guardiana de los valores para el bien del país y de sus ciudadanos, especialmente los pobres, y no únicamente para el bien de ciertos grupos. · Es vital reconsiderar el trabajo pastoral en la nueva realidad, a nivel parroquial y diocesano, para llegar al mayor número posible de personas y ayudar a evolucionar su manera de pensar. Aunque hay un alto porcentaje de católicos practicantes, el proceso de secularización está aumentando, como en todo el mundo. La vida cotidiana de los cristianos y su parecer sobre diversos problemas no concuerdan siempre con la fe que profesan, (ética sexual, estabilidad del matrimonio, defensa de la vida, etc.) El nivel de sus conocimientos religiosos es a menudo cuestionable. Se han multiplicado toda clase de sectas. · En una situación económica difícil para todos, es indispensable defender a quienes no tienen voz, es decir, a los pobres y aquellos privados de los beneficios de los tiempos modernos, y ofrecerles una ayuda sustancial, además de palabras de aliento y oraciones. · Durante el régimen comunista se deformaba, en particular, la historia contemporánea. Hoy, nosotros podemos y queremos volver atrás. Es un proceso difícil y doloroso. Queremos vivir en un mundo más abierto y amistoso, pero para esto es necesario superar los demonios del pasado, purificar nuestra memoria histórica y no tener miedo de las palabras; hacer un balance honesto de lo que perdimos y de nuestros errores, perdonar y llegar a reconciliarnos, tanto en el interior del país (superar el comunismo, rehabilitar a las víctimas del nazismo y del comunismo, el problema judío) como hacia el exterior, con nuestros vecinos (Alemania, Rusia, Ucrania, Lituania). La Iglesia juega un rol importante en este campo. Recordemos aquí dos acontecimientos significativos: la reconciliación con la Iglesia ucraniana griega-católica, en junio del 2005 y la Declaración conjunta de los obispos polacos y alemanes, en el 40º aniversario del envío de una carta de los obispos polacos a los alemanes: Perdonamos y pedimos perdón. 3. La Vida Consagrada. Las personas consagradas han compartido estrechamente la vida de toda la Iglesia. Durante el régimen comunista, tuvieron que luchar todo el tiempo para evitar ser liquidadas y al mismo tiempo tratar de ayudar a la gente de acuerdo a su propio carisma. Esto pedía una constante vigilancia, un esfuerzo de unidad y de solidaridad ( cualquier fisura podía ser utilizada por el Servicio Secreto para infiltrarse en la comunidad), flexibilidad (ser capaces de emprender una nueva tarea cuando las anteriores eran prohibidas), estar preparado/a para sufrir la persecución, perseverar en la fe y la lealtad, y también dar prueba de sagacidad. Por ejemplo, después del cierre de todas las instituciones administradas por comunidades religiosas en los años 1960 y el voto del Parlamento de una ley permitiendo a cada ciudadano ocuparse de 5 niños, (había escasez de guarderías), inmediatamente las religiosas abrieron lugares de acogida de este tipo, para los niños. Estos nidos se convirtieron en las guarderías de hoy. Tengo sin embargo que decir que, comparada con otros países, nuestra vida en Polonia fue más bien normal, especialmente a partir de los años 1970. Pudimos aceptar y educar a jóvenes. Pudimos trabajar en pastoral, con algunos limites pero en general de acuerdo a nuestro carisma. Pudimos también tener contacto con la gente de otros países para intercambiar ideas, con la Iglesia Universal y con el mundo. Durante los pasados 15 años la vida consagrada en Polonia compartió todos los problemas y las actividades de la Iglesia mencionados anteriormente. Estuvo, sobre todo, preocupada por volver a los carismas originales y penetrar en las esferas de vida hasta entonces inaccesibles. Hoy, tenemos cerca de 25.000 religiosas (en 2570 comunidades) y 13.000 religiosos pertenecientes a 250 institutos de Vida consagrada. La mayoría de esos institutos existen en Polonia desde hace muchos siglos o décadas. En los últimos 20 años, se han establecido nuevas comunidades (más de 50 para las religiosas y una docena para los religiosos) y muchos movimientos religiosos pertenecientes a la vida consagrada. Existen cuatro Conferencias de Superiores/as Mayores: la Conferencia de los institutos de religiosas, la de religiosas contemplativas enclaustradas, la de los institutos seculares y la de las congregaciones de religiosos. Las Conferencias trabajan conjuntamente, por ejemplo cada 3 años organizan un simposio para discutir temas de actualidad (en el año 2006 el principal tema estará centrado en el 40º aniversario del aggiornamento). También se han instaurado nuevas formas de vida consagrada, por ejemplo los ermitas y las vírgenes consagradas. De los institutos, 100 son miembros activos en la Conferencia de Superioras Mayores de Religiosas. Las Asambleas Generales se llevan a cabo cada dos años. Se centran sobre todo en la formación y en la reflexión de problemas actuales de la vida consagrada y de la Iglesia. El Consejo Ejecutivo está formado por 8 miembros que representan diferentes carismas, un secretariado permanente (3 hermanas: la secretaria general, la asistenta de la secretaria y una jurista) y 9 comisiones (2). La Conferencia trabaja en estrecha unión con el personal diocesano que se ocupa de la vida religiosa. Una representante de la Conferencia de Superiores Mayores de Vida Enclaustrada también participa en el trabajo de nuestro Consejo Ejecutivo. Desde hace treinta años existe una forma permanente de colaboración entre los diferentes institutos religiosos, bajo la forma de un curso anual de formación para las nuevas superioras, y que dura una semana; un encuentro anual de formación para las maestras de los diferentes niveles de formación; reuniones anuales (formativas y profesionales) de diversos grupos de hermanas organizadas en comisiones (incluyendo la administrativa), y un Inter.-juniorado en Varsovia. Durante los últimos 20 años, en colaboración con los institutos de religiosos, se organizaron dos cursos anuales para los responsables de formación. Ahora, por el fácil acceso a las universidades, esta colaboración se está acabando. Sin embargo estamos pensando organizar encuentros de formación permanente para grupos de religiosas que pertenecen a las que llamamos “ la segunda y la tercera edad”. Como lo he mencionado, la vida consagrada en Polonia ha sacado provecho de una atmósfera favorable para hacer frente, con entusiasmo y creatividad, a los retos que se dirigen a toda la Iglesia. Para nosotras, personas consagradas, el mayor reto era volver a nuestros carismas. Habíamos tenido que renunciar a algunas de nuestras actividades que durante el régimen comunista debían ser más o menos similares para todos los institutos religiosos. Sin mirar mucho los gastos, tuvimos que reconstruir nuestras propias instituciones para asegurar nuestra presencia en la sociedad, preparar a la gente y regresar a nuestras tradiciones, y al mismo tiempo tomar en consideración las necesidades del momento y lo que pedían los demás. Este proceso no se ha acabado todavía. Incluye una creciente colaboración con los laicos, no solamente desde el punto de vista profesional, sino compartiendo con ellos nuestro carisma y nuestra espiritualidad. Regresando al trabajo tradicional no debemos olvidar la necesidad de crear nuevas maneras de servir a los demás, por ejemplo organizando centros espirituales en nuestros institutos. También existen otros modelos de servicio que son difíciles de clasificar en categorías precisas (como es el hecho de ocuparse de los niños abandonados, de los sin techo, de los que tienen hambre, de los niños que vienen de familias pobres o desintegradas). Necesitamos involucrarnos más en actividades ecuménicas (en Polonia no hay muchas comunidades no-cristianas), y ampliar nuestras relaciones con los no-creyentes. Además, nos falta tiempo para establecer proyectos. Todo debe hacerse “ caminando...” La gente, de hecho, espera de las personas consagradas un trabajo y una ayuda reales. Constantemente nos preguntamos: “¿Estamos haciendo verdaderamente lo que Dios y los demás esperan de nosotras? ¿Somos bastante generosas? ¿Hay otros areópagos a los que debemos subir?”
------------------------ (2) Comisiones : vida religiosa, vocaciones, formación, educación, misiones, obras de caridad, servicios de salud, ministerio parroquial, administración legal. Constantemente estamos retadas a involucrarnos en el aggiornamento de nuestras comunidades. Ciertamente los 40 años después del Vaticano II no fueron turbulentos para los institutos religiosos polacos, como lo fue en el Occidente. Las condiciones de vida eran diferentes. Nuestra preocupación por sobrevivir dejaba poco lugar a la exploración y a la experimentación. No obstante, todas nuestras comunidades estudiaron los documentos del Vaticano II y posteriormente los documentos de la Iglesia, volviendo a ver el Derecho Canónico, estudiando los cambios en el estilo de vida, las relaciones mutuas y la formación. No hubo cambios revolucionarios ( no más que ahora) pero sin embargo existen y nos hacen buscar hasta dónde debemos ir para expresar nuestra fidelidad creativa a la Iglesia, a la gente de hoy y a nuestro carisma. Al mismo tiempo realizamos que lo que la época actual espera de nosotras es, sin ninguna duda, que demos testimonio del Invisible, de vivir realmente el Evangelio. Sabemos que la sobre vivencia de nuestras comunidades depende de la calidad de vida personal de cada una de nosotras en lo que se refiere a la fe, la esperanza y el amor y no de que hagamos mucho y de que algunos esperan que hagamos más. Es por esto que en nuestro programa de aggiornamento y en las formas concretas de ayuda mutua, ponemos mucha atención a la formación de nuestra mentalidad y espiritualidad, a la creación de una relación personal con Dios y a las relaciones de hermanos y hermanas en el interior de nuestras comunidades, con el fin de establecer un equilibrio entre las exigencias de la consagración y las de la actividad. Uno de los más grandes retos de nuestra vida es un llamado a la formación en todos los niveles (superioras, responsables de la formación permanente y de la formación inicial, integralmente y en todas sus dimensiones - humana, cristiana y religiosa), en el tiempo presente que no es fácil comprender siempre. El problema es (como siempre) ayudar a formar hoy y para hoy, personas maduras, bien enraizadas en Dios y en su carisma, y al mismo tiempo ser capaces de comprometerse en las tareas y enfrentar los retos de nuestro tiempo. Tratamos de colaborar entre comunidades e institutos. ¿Cuáles son los resultados de nuestros esfuerzos? No es fácil decirlo. Ciertamente están marcados por alegrías, tristezas y algunas veces fracasos. Vocaciones. Los Europeos piensan que en la Iglesia de Polonia hay muchas vocaciones. Esto es verdad, pero se refiere principalmente a las vocaciones sacerdotales y después (no con la misma amplitud) a vocaciones para los institutos de religiosos. Respecto a los institutos de religiosas experimentamos un gran aumento a fines del siglo 19, en la primera mitad del siglo 20 y entre los años 1970 y 1980. Después de la Segunda Guerra Mundial no hubo suficientes vocaciones para compensar el número de religiosas que regresaban a la casa del Padre después de una larga vida. En los últimos años hemos visto una disminución de vocaciones, especialmente en las comunidades que siempre habían tenido muchas. Esto se ve también en los conventos de clausura. Es difícil encontrar la razón. Cada comunidad debe simplemente enfrentar esto. Escuchando lo que se ha dicho hasta ahora, vosotras probablemente os preguntaréis si todo esto no ha sido presentado con una visión demasiado optimista. Nosotras tenemos las mismas dificultades y problemas que las religiosas de todo el mundo. Experimentamos también que el tiempo que estamos viviendo es un período de transición y de crisis (esperamos que sea una crisis de crecimiento...) Algunas veces, nos sentimos cansadas y sin entusiasmo. Notamos en nosotras mismas y en nuestras comunidades tendencias a la secularización, tales como el debilitamiento de la fe y de la esperanza, el individualismo, la búsqueda de una vida más fácil, una mayor preocupación por sí misma que por los demás, un aburguesamiento que busca la estabilidad y el confort. Algunas veces no es fácil abandonar el éxito material por la solidaridad con los necesitados. Nos da miedo subir a nuevos areópagos pues esto nos pide valor y correr riegos. Nos preocupamos por la disminución de vocaciones y la falta de fidelidad, pero a menudo no sabemos cómo tratar el problema, espiritualmente en particular. A veces sentimos que no somos bastante apreciadas por la comunidad eclesial, y algunas veces no somos suficientemente consideradas como mujeres consagradas. Podría continuar la lista de nuestras inquietudes, heridas y dilemas. Sin embargo, como se nos recordó en el Congreso Mundial de 2004: re-descubriendo y acrecentando (donde ciertamente ya brilla) la pasión por Jesucristo y por la humanidad, encontraremos el mejor remedio para nuestras preocupaciones.
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