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GRUPO 14
68 Participantes: 31 nacionalidades, 66 congregaciones
LIDERAZGO Y AUTORIDAD
Responsables y miembros hemos caminado juntos. Los responsables pueden contar con la motivación fuerte y el compromiso de sus hermanas y hermanos para caminar. Cuando la subsidiaridad es vivida, aumenta la responsabilidad de todos y todas. La unidad de nuestras congregaciones reside sin duda alguna en su visión común, aunque también se basa en una relación cercana, frecuentemente informal, entre los miembros y los responsables, que crean un tejido común y disminuye las barreras. Tenemos una experiencia de colaboración en la misión, las decisiones, la búsqueda.
Sin embargo… aun resulta poco fácil dar su lugar a cada una y cada uno, reconocerla en sus diversos roles. Hay que esforzarse para que un grupo de mujeres sea reconocido en nuestras sociedades; para que sea real el lugar que le corresponde a la mujer, sobre todo en algunas culturas.
Jamás se alcanza una relación justa con la autoridad. La sed de poder, los bloqueos y otros fenómenos de grupos debilitan las energías. Es un arte muy difícil deliberar juntos. ¿Cómo salir de una polarizacion? ¿Cuándo hay que dejar su propio punto de vista por el bien general? En ocasiones, durante nuestros debates, ¿nos preguntamos dónde está el Espíritu Santo? Articular un proyecto común y un proyecto personal es casi una aventura. Por parte de los responsables nos encontramos que hay miedo a la hora de tomar decisiones que van a desagradar o herir, etc.
Nuestras estructuras son soportes transitorios que queremos sean ligeros y fáciles de cambiar para que aporten vitalidad al grupo. Su adaptación nos exige creatividad y un cambio de los esquemas mentales , como es el caso, por ejemplo, de nuestra relación con la estabilidad. Transformarlos significa comprometernos juntos en un proceso permanente, donde la paciencia será necesaria y donde hemos de contar con las distintas culturas.
Nuestras congregaciones son ante todo empresas espirituales marcadas por la fe en Dios y la fe en los miembros. Creer en mi hermana, en mi hermano, no es una amenaza a mi autoridad. Mejoramos en la medida en que favorecemos todos los medios que ayudan al dialogo, a la cercanía, y a la participación entre los miembros y los responsables. Estos deben ser ante todo más animadores que administradores. Deben saberse liberar de la burocracia para concentrarse más en su papel profético: dar espacio al Espíritu que está en el Instituto para encontrar caminos nuevos; dar forma a la visión para comprometerse en nombre del Evangelio. Animar las experiencias y compartir sus efectos con todos los miembros.
Es importante compartir la información para la vida del cuerpo apostólico con la condición de que todas y todos tengan acceso a ello.
Hay que favorecer la formación permanente. Los responsables han de de ofrecer medios e impulsarla. Corremos siempre el riesgo de ser presa de la rutina.
Estamos llamados a abrir nuevas colaboraciones con otras congregaciones con los laicos, creando relaciones, sin quedarnos encerrados. Tenemos seguramente al alcance de la mano otra forma de solidaridad, pues hay institutos que no pueden hacer opciones por falta de autonomía financiera o por personal insuficiente.
Creemos en el valor de proyectos pequeños y verificables.
Reconocemos la necesidad de un espacio para los equipos responsables, espacio humano, espacios donde el gozo tiene su lugar. ¿Cómo cultivar el entusiasmo de los hermanos y hermanas si no los cultivamos nosotros mismos? Necesitamos espacios abiertos a lo imprevisto, a imaginar cosas nuevas.
Estamos al servicio de todos y todas, y sabemos que cuando se combinan amor e inventiva, el camino nos resultará estimulante. |
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