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GRUPO 12 82 Participantes: 38 nacionalidades, 80 congregaciones COMUNIDAD COMO MISIÓN
En primer lugar dedicamos tiempo a clarificar algunos términos. Vivir la comunión es en sí misión de la vida consagrada. Signos de vitalidad
Encontramos los siguientes signos de vitalidad: Sed de vida comunitaria, especialmente entre los jóvenes; la mayoría no busca seguridad, sino un camino para vivir la comunidad como misión a través de auténticas relaciones y del compartir la fe.
Los religiosos y religiosas mayores, testimonian a través de su vida de comunidad y oración su pasión por Cristo y la humanidad. Existen comunidades que viven de forma muy sencilla, cercanas a la gente, llevando a cabo diversos ministerios; dedican tiempo para estar juntos, compartir el Pan de la Palabra de Dios, experiencias de vida y fe y para recrearse.
En algunos lugares hay comunidades que han optado por llevar a cabo nuevos trabajos basados en la espiritualidad de la inclusión; miembros mayores de las comunidades forman parte de dichos proyectos. En este contexto, se está llegando hasta otros cristianos y personas de otras religiones, invitando así la colaboración. Existen comunidades en las que se da diversidad de culturas y de etnias.
Estas comunidades son grandes signos que hacen presente el Reino de Dios, así como la reconciliación y la paz en países donde se viven situaciones de gran violencia. Notamos también un renovado interés en la formación permanente que puede prepararnos para relacionarnos con nuestro mundo en constante cambio.
Bloqueos
El grupo ha encontrado los siguientes bloqueos a la hora de vivir la comunidad como misión: Muchas comunidades no tienen un trabajo en común y los nuevos apostolados llevan al individualismo y a la falta de interdependencia. Por consiguiente, existe una tendencia acentuar los ministerios individuales.
Otros bloqueos incluyen diferencias culturales y generacionales, así como diferencias ideológicas que acentúan la falta de valores compartidos y un entendimiento del significado de los votos. Urge la necesidad de promover los medios que favorecen la comunicación y que pueden capacitarnos para ir más allá de las diferencias causadas por la cultura, edad y mentalidad. Dada la carencia de un vocabulario común, a menudo es difícil comprendernos y entrar en diálogo y discernimiento, especialmente en lo relacionado con la obediencia.
Una reacción ante la uniformidad que se dio en el pasado en algunos lugares, es el ver como valor el que hermanas o hermanas vivan solos. Otros viven como si estuvieran en un hotel, no convencidos del valor de la vida comunitaria. Aunque supuestamente todos los religiosos y religiosas somos adultos, la falta de madurez psicológica lleva a muchos y a muchas a una incapacidad para vivir la corresponsabilidad y animar la vida comunitaria y la autoridad. El miedo por lo desconocido paraliza la capacidad de muchos y muchas religiosas para responder a lo nuevo. Se da también un uso exagerado de los medios tecnológicos actuales, como son televisión, internet, teléfonos móviles; éstos llevan a aislar a las personas y a dañar la vida comunitaria.
Algunos o algunas no son pacientes con la condición humana y no quieren invertir en el tiempo y asumir el proceso necesario para construir la comunidad.
Las comunidades femeninas sufren la desventaja de la falta de valoración de su ministerio, tanto pastoralmente como económicamente; el clericalismo existente hace que no se valore suficientemente la vida religiosa femenina.
Descripción de los Cambios de Estructuras que han de darse en nuestros Estilos de Vida y Ministerios
Las actuales estructuras de gobierno fueron creadas cuando el número de miembros era mucho más elevado. Hoy en día, son un peso y no corresponden a nuestra realidad. Instituciones como escuelas o Parroquias nos fuerzan a tomar un papel más burocrático que ministerial, que es aquello que se quiere vivir. En muchas comunidades la vivencia de la autoridad demasiado centralizada inhibe las iniciativas y respuestas a las necesidades que se presentan. Tanto dentro como fuera de nuestras comunidades falta transparencia a la hora de comunicar aspectos relacionados con la economía y otros temas importantes para los religiosos y religiosas.
Convicciones y Líneas de Acción
La vida comunitaria tiene valor como misión en sí misma. Cada comunidad está llamada a evangelizar y la mejor evangelización es el testimonio de una comunidad que está formada por miembros de distintas culturas, generaciones y ideologías o mentalidades. La vida Comunitaria es parte constitutiva de la Vida Religiosa; por ello, situaciones especiales de personas que viven solas necesitan ser discernidas.
La comunidad cristiana participa en la misión de Dios que se revela como Trinidad una comunidad que deja ver la acogida y hospitalidad de Dios que se refleja en el Icono de Philoxenia- y que ama y acoge al extranjero. La imagen de Jesús en el lavatorio de los pies tomada del Evangelio de Juan, expresa un ejemplo de amor, servicio y koinonia a sus discípulos. En nuestra vida comunitaria, la Palabra de Dios es la constante que ilumina la vida, y desentrañar su significado juntos es vital para la vida religiosa. Lo esencial es ser hombres y mujeres de fe.
Cada Instituto necesita continuar desarrollando caminos para llevar a cabo su formación inicial y permanente, potenciando capacidades de comunicación y liderazgo que ayuden a hacer la comunicación más eficaz y a vivir de una forma más humana .
Cada comunidad necesita hablar y compartir sobre aquellas comunidades o ministerios que han de morir, de forma que nuevas formas de vida puedan ser alentadas. La comunidad necesita vivir abierta al lugar, ser acogedora y promover vocaciones para el bien de la Iglesia.
Cada miembro de la comunidad necesita tener tiempo para rezar y contemplar. Se da la necesidad en algunas comunidades de Oriente, de expresar mediante la oración y rituales el compromiso con cada miembro de la comunidad.
La reconciliación vivida en las comunidades locales ha de ser un signo significativo en nuestro mundo. Sería bueno poder compartir en las Conferencias Nacionales experiencias positivas y novedosas de vida comunitaria que puedan ser modelos para otros y otras. Debemos potenciar los signos de vida nuevos que surgen en lugar de mirarlos con sospecha comunidades intercongregacionales, interconfesionales y ecuménicas.
Necesitamos buscar nuevos caminos mediante los cuales la riqueza que se encuentra en los institutos internacionales promueva proyectos de formación inicial y permanente a través de su personal y recursos.
Es vital que en las comunidades femeninas se favorezca la formación necesaria para que se pueda llevar a cabo una dirección espiritual que no dependa de los momentos en los que se celebra el Sacramento de la Reconciliación. |
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