GRUPO 9

85 Participantes: 36 nacionalidades, 79 congregaciones

 

SED DE DIOS Y BUSQUEDA DE SENTIDO

La sed de Dios y la búsqueda de sentido se manifiesta hoy en una experiencia fascinante del Dios vivo. Este encuentro transforma nuestra vida, nos lanza hacia los demás  y  nos conduce hacia la unidad  del ser y del hacer, de lo personal y lo comunitario. La Palabra de Dios está en el centro de nuestra vida y tiene el poder de transformarnos.

Nos hemos dado cuenta de que las historias compartidas eran diferentes y pluriculturales, pero expresaban la misma búsqueda de Dios. Sin embargo, para que El/Ella sea comprensible hoy necesitamos expresar a Dios con un nombre nuevo, enraizado en la Tradición, interpretado en el  Presente e iluminando el Futuro.

 

En el camino hacia la Fuente, hemos discernido los obstáculos provenientes de nuestra imagen de Dios, de nuestras propias actitudes y de la sociedad en la que vivimos.

Podemos descubrir bloqueos dentro de la persona, que impiden la relación con Dios y con los demás y hacen imposible el compartir la fe. Querer un Dios a nuestra medida, que da respuestas simples y rápidas a nuestras peticiones es un obstáculo. La diabolización del combate espiritual que deja profundamente insatisfecho impide ver esta “noche” como camino donde el Señor está presente.

 

El dialogo al interior de la Iglesia es a menudo superficial, En nuestras comunidades, podemos a veces descubrir la mediocridad, una cierta instalación, una huida en el activismo, el profesionalismo y la búsqueda de si; un apego a las devociones y a las estructuras del pasado, una vida comunitaria en la que el acento está puesto más sobre las estructuras que sobre las relaciones interpersonales. Las relaciones virtuales (TV, Internet) hacen difíciles las relaciones verdaderas con Dios y con los otros. Falta silencio y escucha. A veces tenemos la impresión de dar un contra-testimonio.

En la sociedad, igual que en nosotros/as mismos/as y en nuestras comunidades, la violencia está presente  con todas sus consecuencias: odio, división y ceguera.

 

 

Ante esta situación, qué transformaciones aportar a nuestras estructuras y cómo?

 

La VC esta construida sobre 3 columnas : experiencia de Dios, vida comunitaria y misión. En la base de estos 3 elementos está Cristo como nuestra Roca. Esta convicción nos exige poner una atención privilegiada en la formación inicial y permanente así como en una reestructuración para la vida y la misión.

 

Desde la formación inicial queremos preparar hombres y mujeres de oración, para los que la oración sea una necesidad para toda la vida. Quisiéramos que se diera más importancia a la formación permanente de forma que la vida de oración acompañe las diversas etapas de la vida.

 

En la formación inicial y permanente nos gustaría que se pusiera el acento sobre la formación humana para llegar a la unificación de la vida. Formar al pensamiento critico y al dialogo que conduce a una transformación personal. A través de la lectio divina, aprendemos a mirar el mundo y la vida  con una dimensión de fe. Dando una formación espiritual, educar también a la capacidad de expresar la propia fe, y compartir las experiencias de Dios.

 

Queremos animar a cada religioso/a a frecuentar la dirección y el acompañamiento espiritual durante toda la vida ( y no solamente durante la formación inicial, (en la que a menudo es una obligación).

 

Queremos animar también la formación especializada para poder ejercer diferentes responsabilidades.

 

 

Otro medio de transformación es la reestructuración (de nuestras estructuras internas y de nuestras obras) para revitalizar la VR. Nos gustarían casas y estructuras que nos permitan estar cercanas/os a aquellos a los que hemos sido enviados/as, que nos ayuden a entregarnos a los demás sin caer en el activismo. Así nos dejaremos transformar y formarnos para el pueblo.

Quisiéramos crear comunidades donde las estructuras ayuden a la animación y el discernimiento del grupo, donde exista la costumbre de buscar juntos la voluntad de Dios, a partir de acontecimientos y de una lectura de los signos de los tiempos.

 

El doble icono de este Congreso, la Samaritana y el Samaritano, nos llama a una transformación a través de esta sed de Dios y búsqueda de sentido. No estamos acostumbrados a utilizar los textos para describir la VR.

 

Los discípulos en el camino de Emaus (Lc 24, 13) nos invitan también a una transformación de nuestras actitudes para encontrar a Dios mismo allí donde se le creía muerto, en nuestros momentos de desanimo y de dudas.

 

La historia de Nicodemo (Jn 3 y Jn 20, 39) nos enseña que hay que renacer del agua y del espíritu, que hay que dejarse transformar, al precio de perder nuestras plumas!! Nicodemo nació, en realidad, cuando entró con Jesús en su tumba, no a escondidas sino a la vista de todos (Jn 20, 39).

 

La promesa de Jesús nos anima en el camino: “Como el Padre me ha amado, también yo os amo, permaneced en mi amor” (Jn 15, 39) y “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10) “El que tenga sed venga a mi y beba” (Jn 7, 37).

 

 

 

Algunas convicciones y líneas de acción.

 

Cada una de nuestras convicciones va seguida de posibilidades de acción.

Estamos convencidos/as de que nuestra experiencia de Dios debe ser una experiencia encarnada, un Dios de la vida. La persona de Jesús, el Cristo, es el centro de nuestra vida.  Somos pues llamados/as a una vuelta a la radicalidad de la VC, a un amor preferencial por Cristo, a cuidar la calidad de nuestra vida espiritual. Esto nos llama también a personalizar la formación.

 

La convicción de que Jesús está en medio de nosotros hasta el final, nos da alegría, esperanza y audacia. Nos invita a liberarnos de las estructuras caducas.

La experiencia esponsal con Cristo nos libera de “nuestros falsos maridos” (referencia a la Samaritana) y nos conduce a cuidar de nuestros hermanos y hermanas. Nos invita a abrir ampliamente nuestras comunidades para que se conviertan en escuelas de oración y signos visibles del amor trinitario.

 

Nuestra fe en Dios, que continua activo en nuestro mundo globalizado nos invita a comprometernos a un dialogo verdadero, a una apertura para cambiar nuestra forma de pensar.

 

Tenemos la convicción de que nuestra apertura a Dios como religiosos/sas se hace a través de una oración meditativa y contemplativa. Esta oración nos conducirá a un dialogo que hará posible la reconciliación y la unidad.

 

Los religiosos/sas están llamados a un compromiso total en Dios, esto nos invita a crear espacios y tiempos para el dialogo. La misión debe definir la VR desde el principio. Los pobres nos evangelizarán y nos transformarán. Nos darán la posibilidad de presentarnos ante Dios para permitir a la Palabra de Dios que nos transforme a partir de nuestra propia pobreza.

 

Estamos convencidos de que Dios se sirve de nuestra pobreza para continuar realizando grandes cosas. Esta verdad nos llama a salir de nuestros complejos que nos impiden ver a Dios en las experiencias vividas (porque las juzgamos como negativas, como la disminución del  número, etc.)

 

Estamos convencidos de la importancia de la vida comunitaria como lugar teológico del encuentro con Dios y con los demás. Somos llamados a organizar la vida comunitaria para permitir estos encuentros y para poder contar los unos con los otros en lo cotidiano de nuestras vida.

Y que continuemos teniendo sed y buscando Su rostro.