GRUPO 7

30 Participantes: 21 nacionalidades, 27 congregaciones 

CELIBATO CONSAGRADO

 

La castidad consagrada es un amor con un corazón indiviso por Dios, marcado por una pasión por Jesucristo y su Evangelio. La castidad consagrada abre nuestros corazones a la misión de Jesús y a una relación con hombres y mujeres de diferentes edades, historia y culturas.

 

Al mismo tiempo, la castidad consagrada es un signo único que nos distingue de otros creyentes, y es también la dimensión de nuestra vida que nos ayuda a trascendernos y a trabajar por la causa de la justicia en nuestro mundo y en nuestra Iglesia, permaneciendo en solidaridad con los pobres.  A la vez, mientras el individualismo está  presente en tantas partes de nuestro mundo, el celibato consagrado nos lleva a profundizar nuestra relación con Jesús, con el Padre y con el Espíritu y, al mismo tiempo, a entender el amor por los demás como el amor al mismo Señor.

 

Nosotros escogemos libremente el celibato, y lo vemos como el mejor camino que nos ayuda a vivir nuestra sexualidad en una forma saludable y equilibrada.  Como consecuencia, nos empeñamos en hacer todo lo posible por derrumbar los muros que nos hemos construido entre Dios y nosotros, y entre nosotros y nuestro prójimo, tales como muros de silencio y sospecha, miedo y frustración, prejuicios e intolerancia.  

 

Nos damos cuenta además de la necesidad que tenemos de renovar cada día el compromiso que hemos hecho y, a la vez, de protegernos contra un concepto rígido respecto al ser hombre o ser mujer, o bien contra falsos dioses tales come el activismo que nos hace olvidar que la obra que realizamos es obra del Señor y no nuestra.

 

Durante los diálogos que hemos llevado a cabo durante estos días, nos hemos dado cuenta nuevamente de que existen muchos signos de vitalidad presentes en la vida religiosa y en nuestra vida de castidad consagrada:

 

Ø      Hablamos del celibato como una opción sexual que se vive en proceso.

Ø      Vamos desarrollando un vocabulario que nos ayuda a compartir sobre nuestra experiencia de sexualidad y castidad consagrada de forma más abierta y honesta.   En este aspecto, hay cada vez más personas preparadas que nos acompañan y asisten en este caminar. 

Ø      Vamos sintiendo cada vez más familiaridad con nuestro propio cuerpo, con nuestros sentimientos, y vamos creciendo en nuestras relaciones con los demás.

Ø      Subrayamos la necesidad de recuperar el valor y le dignidad de nuestro cuerpo, de conocer la importancia de nuestros sentidos y de nuestra sexualidad como ayuda para percibir de un modo más completo la realidad y como vehículo de comunicación, expresión, encuentro, intercambio,... ¡RELACIONES NUEVAS!.

Ø      Hablamos de vivir la inmediatez de la relación con Dios y la centralidad de Jesús y su Reino, pero buscando y recreando las mediaciones que nos ayudan a vivir el amor humano, concreto y real, con todas sus consecuencias, convencidos/as de que estamos necesitados/as de hacer este camino:

 

ü     Necesitamos recrear la mediación comunitaria y ensanchar sus espacios hacia una fraternidad más amplia, que incluye a otros/as, religiosos/as,  laicos/as  creyentes e increyentes... que nutren nuestra fe y esperanza al compartir con ellos , y nos permiten recorrer el difícil pero atrayente camino de amar concretamente.

ü     Necesitamos recrear la mediación de la amistad con hombres y mujeres para vivir relaciones de intimidad, pasión y compromiso, no sólo de calor y protección o cobijo.

ü     Necesitamos revisar y recrear la mediación de nuestro servicio apostólico para que no sea únicamente un lugar de trabajo compulsivo y enajenante, sino lugar de encuentro y relación, posibilidad de compartir vida y misión.

 

Ø      Hablamos de nuestras Instituciones y les/nos pedíamos dos cosas: 1ª) Transparencia, diálogo, audacia y caridad para afrontar evangélicamente la complejidad que presenta hoy la vivencia de nuestra sexualidad ; 2ª) Que podamos pasar de unas claves de “funcionalidad” y eficacia en la toma de decisiones, destinos, cierres o nuevas presencias, a unas claves que prioricen lo “relacional”, que pide tiempo, calidad, paciencia, gratuidad,... para que las personas se armonicen y desarrollen integralmente su misión y proyectos.

 

Ø      Hemos ido apreciando cada vez más el hecho de que nuestro celibato consagrado es mejor entendido cuando, tanto nosotros como los demás, lo ven como un compromiso que se ha adquirido por el Reino de Dios.

 

 

Para liberar lo profetico en este campo del Celibato Consagrado se necesita una Formación que:

 

Ø     Suscita procesos y concentra la atención en que cada persona potencie y canalice su energía afectiva y viva su opción de fe y de seguimiento desde la libertad.

Ø     Ayuda a leer la propia experiencia amorosa, la orientación sexual, con lucidez, realismo y fe.

Ø     Atiende a la dimensión relacional y ética del proceso creyente, y subraya que la vida se vive en clave de ENCUENTRO con Dios y con los hermanos.

Ø     Tiene claro que nos “aproximamos” a la realidad y a la vida, y nos dejamos afectar por ellas, no sólo por vía de conocimiento racional, sino también a través de los sentidos, el cuerpo, el corazón, sede de la adoración y la compasión.

Ø     Educa en la perspectiva de género y se arriesga a que se produzca un verdadero intercambio de roles – el varón deja salir su ternura, el cuidado por las personas y a creación,... y la mujer desarrolla sus capacidades evangelizadoras, como la samaritana...-

La “fecundidad” del celibato debe estar integrada en todos los aspectos que hablan de ensanchar espacios, salir el encuentro, crear relaciones nuevas...

 

 

Así, como Nicodemo, creemos que hemos nacido de nuevo, y nos hemos dado cuenta que, con la gracia del Señor, se vuelve verdad realmente que “su yugo es suave y su carga ligera”.  Permaneciendo célibes por el Reino de Dios, no nos afectara el pensamiento de quienes no descubren la presencia de Dios en la grandeza de su creación,  sino que será motivo de un mayor compromiso para vivir de lleno y en libertad esta llamada al celibato, que es nuestra.