GRUPO 6

58 Participantes: 30 nacionalidades, 54 congregaciones  

LIBERAR LA PROFECÍA:

LA SOLIDARIDAD CON LOS EXCLUIDOS

 

SIGNOS DE VIDA

 

En un mundo que genera cada día más exclusiones, constatamos con alegría que se pueden señalar signos de vida en los religiosos/as, en el campo de la solidaridad. Indicamos algunos:

·        Las Religiosas/os son muy a menudo catalizadores que permiten romper barreras de toda clase: hay religiosos/as que se agrupan para vivir el diálogo entre religiones en países donde los cristianos son perseguidos ; también los hay con compromiso en grupos de base para la búsqueda de la paz; por otra parte, las comunidades con hermanos/as de origen cultural diferente dan testimonio de por sí de que se puede vivir juntos a pesar de las diferencias.

·        Hay religiosas/os, de todas edades, en situaciones de conflicto y de violencia, profundamente insertados/as en el pueblo; cuando otros se van, ellas/os se quedan arriesgando sus vidas, en muchos casos hasta el martirio, como signo de solidaridad radical con los excluidos.

·        Hay una colaboración cada vez más frecuente entre religiosos/as y laicos/as, sobre todo en el campo del voluntariado de la solidaridad. En esta colaboración se observa un doble movimiento: por un lado, el entusiasmo de los voluntarios en su entrega reanima en nosotros la pasión y la apertura; por otro, la puesta en común de talentos y de bienes y la   comunión entre personas, tal como nosotros las vivimos, es un signo fuerte para ellos/as.

·        También hay que subrayar que muchos religiosos/as se suman a grupos e instituciones de la sociedad civil que buscan la transformación social.

·        Signo alentador es también el hecho que se está desarrollando una más amplia colaboración entre congregaciones al servicio de los empobrecidos y de la defensa de sus derechos (obras comunes de solidaridad; lobbying por la justicia, etc.).

·        La presencia femenina en la vida consagrada tiene un carácter profético de signo y de desafío para la sociedad y para la Iglesia que tan poco espacio dan a la mujer.

·        El retorno a los propios origenes carismáticos ha despertado un mayor compromiso profetico en muchas congregaciones.

 

 

OBSTÁCULOS A LA PASIÓN POR CRISTO Y POR LA HUMANIDAD

 

Descubrimos obstáculos de naturaleza estructural en un doble sentido:

  1. Hay obstáculos que nacen del sistema económico neoliberal y de su cultura que nos impiden asumir una posición evangélicamente critica ante el mismo, condición necesaria para una acción profética.

b.      Hay obstáculos que surgen de las estructuras y estilos de autoridad existentes en nuestras Congregaciones. Estos, con frecuencia, son rígidos y no corresponden a las exigencias, situaciones y retos de nuestra época y cultura. Son de otros tiempos.

 

Nos damos cuenta de que la “cultura del control”, que domina en nuestra sociedad, nos quita la audacia de buscar caminos nuevos. Lo mismo cabe decir del modelo económico y del estilo de vida y procesos formativos que, con frecuencia, son comunes en nuestros ambientes. Todo ello produce falta de sentido crítico ante el neoliberalismo, acomodación, individualismo y defensa incoherente de estilos de vida no compatibles con el profetismo de nuestra vocación. Son comportamientos que niegan la solidaridad efectiva con los excluidos de la sociedad.

Otros obstáculos y bloqueos significativos de la profecía nacen del interior de la misma vida consagrada:

a.       El miedo, que tiene varios rostros: miedo a correr riesgos en el plan institucional y de la misión; miedo de confrontarse con lo nuevo y lo diferente -situaciones, ideales, personas; miedo de perder poder; miedo a la inseguridad que el compromiso con los excluidos nos puede traer. Otro miedo es el de entrar en conflicto con la jerarquía que frena, a veces, nuestra creatividad.

b.      Nuestras propias divergencias y conflictos internos que paralizan la acción profética del grupo y de algunos de sus miembros con vocación profética que cuentan con poco apoyo por parte de sus respectivas Congregaciones.

c.       Un cierto sentido de competición entre las mismas congregaciones que dificulta la colaboración.

d.      Los escándalos de abuso sexual de algunos religiosos representan un contra-testimonio y son negación de la profecía.

e.       El estilo de vida de algunas comunidades religiosas que las aleja del pueblo.

 

Descubrimos, a veces, una cierta inmadurez humana y espiritual que se convierte en obstáculo para la corresponsabilidad en la misión y para una acción más audaz en defensa de la vida. Nos damos cuenta del peligro real del consumismo, del individualismo, de la apatía y de la increencia en el profetismo de la vida religiosa. Ello genera conflictos internos que dificultan un liderazgo eficiente en el campo de la justicia, paz y ecología. Los superiores piensan, a veces, que no se puede avanzar en esa dirección sin contar con un consenso general por parte de todos.

 

 

DESCRIPCIÓN DE LOS CAMBIOS ESTRUCTURALES QUE SE DEBEN HACER

EN NUESTROS ESTILOS DE VIDA Y MINISTERIOS

 

Necesitamos un realismo que nos haga tomar conciencia de nuestras propias limitaciones (edad, número, etc.), pero que no nos impida discernir con libertad profética el estilo de vida y las presencias misioneras que corresponden al anuncio del Reino. Debemos promover la reflexión  y concentrar nuestras energías en crear algo nuevo en nuestras congregaciones para animar a aquellos que se puedan sentir dispersos o agobiados.

 

En un espíritu de libertad interior, debemos esforzarnos por desplazarnos a los nuevos lugares de misión (nuevos areópagos) que el Papa nos señala, dispuestos a abandonar algunos de nuestros ministerios actuales.

 

Para estar más cercanos a la gente, debemos promover una inserción real de nuestras comunidades en el pueblo y dar espacio en ellas a los pobres. Por ejemplo, sería más apropiado vivir las etapas de la tercera y cuarta edad en los lugares en donde nos encontramos que crear casas especiales para los religiosos en esas etapas de la vida.

 

Especialmente en zonas donde encontramos personas de diversas tradiciones religiosas, hemos de reforzar nuestra convicción de que Dios es más grande que el cristianismo, que su amor está abierto a todos y que a todos acoge.

 

Los formadores deben conocer las tradiciones religiosas de los pueblos donde se encuentran (Asia, los pueblos indígenas, África, los indígenas de América, etc.). Sería positivo conocer algún otro país para poder ver el nuestro con una mirada nueva; en este sentido puede ser positiva una experiencia de este tipo antes de la profesión perpetua contando con un adecuado seguimiento.

 

Es necesario simplificar las estructuras de nuestros Institutos a todos los niveles. Debemos pensar, incluso, en la fusión de institutos con un carisma similar. La organización de nuestra vida debe ser siempre en función de la misión. Debemos promover las comunidades interculturales que nos invitan a compartir la fe a la luz del Evangelio.

 

Debemos abrir nuestros proyectos pastorales a los laicos asociados con nuestras congregaciones, compartiendo la misión con ellos pero sin obligarles a tener que integrase en estructuras que les impidan expresar su aportación peculiar. Su presencia nos puede abrir a nuevas formas de solidaridad con los pobres.

 

Necesitamos buscar nuevos modelos de organización que reflejen mejor el principio evangélico de la autoridad. En este sentido hemos de buscar una ubicación eclesial de la vida consagrada que garantice la realización de su misión profetica y una forma de gobierno en nuestros institutos que asuma decididamente la descentralización y la subsidiaridad que ayuden a encarnar la misión.

 

Es necesario insistir en nuestro espacio de libertad como Institutos religiosos –tanto a nivel de cada instituto como de conferencias nacionales o internacionales- de modo que se garantice la expresión del propio carisma y que la vida consagrada pueda seguir siendo significativa para la Iglesia.

 

 

TEXTOS BÍBLICOS QUE PUEDAN ILUMINAR ESTA SITUACIÓN

Y NOS DESAFIEN A VIVIR UNA TRANSFORMACION

 

Desde esta perspectiva profética nos acercamos a la Palabra de Dios. Hay elementos cuestionantes en el Evangelio que hemos perdido de vista. Los siguientes textos nos iluminan en este sentido:

 

El ayuno que agrada a nuestro Dios: Is 58,1ss

 

“Hay un futuro para ti: Jr 31,17

 

El Espiritu es autor de vida nueva: Ez, 37

 

Practicar la justicia, amar con ternura, caminar con humildad ante Dios: Mq 6,8

 

La identidad y la misión de Jesús: Lc 4, 16ss.

 

La apertura de Jesús que le llevó a superar las barreras étnicas y sociales: la sanación de la mujer sirofenicia (Mc 7, 26ss), el encuentro con la mujer samaritana (Jn 4,1ss), la historia del samaritano (Lc 10. 29ss).

 

La actitud de aceptación que mostró frente a toda forma de exclusión: su acción en favor de la mujer adúltera (Jn 7,1ss), las comidas que compartió con los publicanos (Lc 5, 27ss), la curación de los leprosos y la acogida a los niños (Mc 10,13ss).

 

Las bienaventuranzas (Lc 6,20-23; Mt 5,1-12) revelan la visión alternativa del Reino de Dios. Quien era Señor lavó los pies de sus discípulos y les mandó hacer lo mismo (Jn13,1-15).

 

Jesús vino a dar la vida para que todos tuvieran vida en abundancia (Jn 10,10)

 

 

CONVICCIONES Y LINEAS DE ACCION QUE NOS LLEVAN A VIVIR

LA MISION DE LA VIDA CONSAGRADA

 

CONVICCIONES

 

Para mantener vivo el espiritu de profecia en la vida consagrada, queremos reafirmar algunos principios que nos parecen fundamentales al respecto:

 

La profecía es un elemento constitutivo de la Vida Consagrada. Consideramos que el despertar de la conciencia sobre la dimensión profética de la vida consagrada es un don del Espíritu que hemos de acoger y al que debemos responder.

 

La opción preferencial por los pobres, a quienes pertenece el Reino de Dios, es algo fundamental en la vida consagrada. Los pobres nos evangelizan y nos ayudan a descubrir el rostro de Dios y a renovar nuestras comunidades. La cercanía a los grupos humanos considerados “sobrantes” en nuestras sociedades sigue siendo una urgencia para los consagrados.

 

Reafirmamos la necesidad de profundizar una espiritualidad integral, alimentada por una lectura contextualizada de la Palabra de Dios, que nos renueve y nos capacite para cumplir nuestra misión profética y crear comunidades que sean signos del Reino, abiertas a la acogida y a la solidaridad con los más pobres.

 

Un diálogo intercultural, en el que resuene con más fuerza la voz de la vida consagrada del sur del mundo, será un elemento decisivo en la formación de la vida consagrada del futuro.

 

Los proyectos de nuestras Congregaciones deben privilegiar la lucha por la justicia. Reafirmamos el compromiso de la vida consagrada en la promoción de una cultura en que se respete verdaderamente la dignidad de la mujer y se promueva su participación activa en la sociedad.

 

Es importante analizar y reflexionar sobre nuestra propia experiencia de exclusión ya que ello nos va a ayudar a no excluir a los demás ni en la iglesia ni en la sociedad en general. Hemos de manifestar nuestro rechazo ante cualquier abuso de poder tanto dentro como fuera de la Iglesia.

 

Necesitamos una mayor colaboración, basada en el bautismo y en los dones de cada uno,  entre los religiosos y las religiosas al servicio de la misión.

 

 

 

LINEAS DE ACCIÓN

 

Nos atrevemos a lanzar algunas propuestas, conscientes de las dificultades que puede comportar su realizacion, pero seguros de que pueden contribuir a relanzar el espiritu de porfecia que deben animar la vida consagrada hoy:

 

Resaltar en nuestras vidas el primado de la Palabra de Dios leída y compartida en una nueva escucha en el Espíritu y con los pobres.

 

Revisar, desde la opción por los pobres, nuestro estilo de vida  y nuestras obras y estructuras económicas. Reconocemos la necesidad de tomar algunas decisiones significativas en este sentido y de impulsar la simplificación de las estructuras pastorales. Ellos nos ayudará a saber vivir en la provisionalidad y en la disponibilidad total para la misión.

 

Tener cuidado, en el financiamiento de las comunidades y ministerios en los países con menos recursos económicos, en no hacer de los consagrados una clase social distanciada de la vida de su propio pueblo.

 

Apoyar decididamente las comunidades de inserción. Participar activamente en las redes de solidaridad que existen en la sociedad, contribuyendo a mantener su dinamismo y a alentar la esperanza del pueblo.

 

Promover la presencia de la vida consagrada en los foros mundiales alternativos y en los centros de decisión (ONU, EU, etc.) donde se determina el futuro de la humanidad, articulando una buena colaboración intercongregacional.

 

Hacerse presente allí donde la vida y la dignidad humana están mayormente amenazadas y estudiar la posibilidad de crear, a nivel intercongregacional, algunas plataformas que permitan a la vida consagrada dar respuestas efectivas a algunas situaciones dramáticas que se producen, a veces, en nuestro mundo.

 

Privilegiar la cercanía y el acompañamiento a los inmigrantes en nuestras sociedades excluyentes. Promover la formación de comunidades interculturales que sean un signo poderoso de comunión en un mundo dividido.

 

Hacer de la atención a los últimos, tanto dentro como fuera de la comunidad, una prioridad para la vida consagrada. Promover las pequeñas acciones que nos permiten ser promotores de cambio.