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GRUPO 5
23 Participantes: 12 nacionalidades, 21 congregaciones
MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y TRASMISIÓN DE VALORES Medios de comunicación y transmisión de valores
La comunicación es un ámbito esencial en este mundo complejo. Quisiéramos llegar, como Pablo, a usar de forma creativa los medios de nuestro tiempo, aunque en ocasiones nos sentimos más bien como David en su lucha contra Goliat. Con frecuencia, tratar de comunicar el Evangelio y la realidad de la vida consagrada al mundo contemporáneo es algo parecido a intentar mezclar el agua con el aceite.
Signos de vitalidad Destacamos, para empezar, que un buen número de religiosos y religiosas trabaja en los medios de comunicación social al servicio de la fe, a través de sitios de internet, agencias de noticias, televisiones, editoriales, emisoras de radio… Existen muchas iniciativas constructivas a todos los niveles: internacional, nacional, local. Valga, como ejemplo, una emisora diocesana de radio de Ghana, la única en su zona, en la que la comunidad cristiana ha ofrecido a los musulmanes que tengan sus programas y tiempos de emisión. Son cada día más las congregaciones que toman conciencia de lo importante que es comprometerse en el mundo de los medios de comunicación. Los religiosos y religiosas jóvenes muestran un notable interés en el tema. Bastantes comunidades preparan ya personas para estos ministerios. La presencia de esta cuestión en el Congreso nos parece una muestra más de este creciente interés. También en los medios de comunicación percibimos signos de vitalidad. Aunque muchos de sus profesionales carecen de conocimiento de lo religioso y preparación para abordar estos temas, se nota que aumenta en ellos el interés por las cuestiones religiosas y la espiritualidad. Aunque estos signos de vitalidad sean débiles en un contexto difícil, creemos que son signos de esperanza. Obstáculos En este campo, el principal obstáculo es la tendencia a la demonización del otro. Tanto la Iglesia como los medios desconfiamos los unos de los otros, quizá porque algunas experiencias negativas dan pie a ello. A la hora de tomar la palabra, los miembros de la Iglesia tememos ser mal interpretados por los medios y sentimos, al mismo tiempo, que las autoridades eclesiásticas tienden con frecuencia a mirar nuestras palabras con recelo. A menudo da la sensación de que los medios insisten en los aspectos negativos de las noticias y prefieren destacar el conflicto mucho más que la armonía. Cuando nos negamos a aceptar la imagen poco favorable que dan de nosotros o que revelan nuestras debilidades, perdemos credibilidad en la sociedad. A la hora de abordar cuestiones religiosas, es frecuente que los medios busquen la palabra de la persona en “autoridad”. Esto hace que muchas veces la voz de la mujer apenas es escuchada. En los medios de comunicación diocesanos, la mujer suele estar ausente. Los grupos cristianos fundamentalistas, acceden con facilidad a fondos económicos que les permiten extenderse fácilmente. Por el contrario, otros grupos, que tienen ideas más abiertas, encuentran fuertes dificultades para financiarse. En nuestras congregaciones se constata miedo a la tecnología y la falta de un conocimiento suficiente para poder usarla con creatividad. Con frecuencia, las personas consagradas recurren exclusivamente a una fuente de información que, desde su sesgo particular, no les permite tener un acercamiento más rico a las cuestiones. Falta también colaboración entre grupos, y no pocas veces utilizamos un lenguaje que no logra llegar a los oyentes o lectores. Cambios estructurales necesarios Si queremos comunicarnos con nuestros contemporáneos, debemos cambiar nuestra mentalidad y estar dispuestos a asumir los riesgos que supone entrar en el mundo de la comunicación. Es necesario que las congregaciones formen personas preparadas en este campo y que apoyen a aquellos y aquellas que ya se dedican a ello, intentando que toda la familia religiosa se sienta implicada en esta tarea. Hace falta también pensar y trabajar en colaboración, buscando dotar a los medios de fuentes de financiación y de personas en cada congregación y en las conferencias nacionales de religiosos y religiosas. Esto supondrá trabajar con seglares preparados en estas materias y ofrecerles apoyo. Convicciones y acciones Hemos de incorporarnos al mundo de los medios con decisión, con iniciativas originales y capaces de suscitar el interés. Para ello es necesario disponer de tiempo, dinero y personas. Es conveniente también que nos mostremos dispuestos a ser abordados por los medios y a responderles cuando vienen a nosotros, aceptando los riesgos que ello supone. Se desea apoyar Vidimus Dominum, y que sea un sitio de calidad y accesible para la gente. Los religiosos y las religiosas podríamos también jugar un papel importante ayudando a disminuir las diferencias entre quienes tienen poder y quienes carecen de él, ofreciéndonos a hacer llegar a cada grupo las noticias y la realidad del otro. Seria muy positivo que, entre quienes tienen diferentes teologías o visiones de la vida, realizáramos una función semejante, facilitando el diálogo y el acercamiento. Es necesario que los miembros de las congregaciones descubran la importancia de la influencia de los medios en sus vidas. Es urgente cuidar la formación a este respecto. Hemos de mostrarnos como somos, con nuestras debilidades y nuestros puntos fuertes. Nuestro principal desafío es lograr hacer esto en un lenguaje que la gente de hoy pueda comprender. Conclusión Desde los profetas del Antiguo Testamento hasta la vida de la Iglesia primitiva son muchos los textos y figuras bíblicas que pueden iluminar nuestra reflexión y respaldar nuestro compromiso con los medios de comunicación. La parábola del Buen Samaritano, tal como fue narrada por Jesús, sigue siendo hoy un excelente ejemplo de cómo puede comunicarse la Buena Noticia.
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