GRUPO 1

46 participantes: 28 nacionalidades, 43 congregaciones 

JUSTICIA Y PAZ

Y LOS SUFRIMIENTOS DE LA HUMANIDAD

 

Vemos que son muchos los signos de vitalidad que existen en la VC hoy. Las crisis tanto en el mundo como en la VC estimulan una búsqueda más profunda y cuestionadora (Ez. Huesos secos). Hay una conciencia más clara sobre la JPIC (Justicia, Paz, Integridad de Creación) como la espiritualidad y la manera de vivir de todas las personas consagradas. (Lucas 4.16 ss.) Esta conciencia se traduce en los documentos congregacionales, estructuras, programas de la formación, apostolados y acciones. Tratamos de vivir nuestra opción por los-las  excluidos/as y marginados/as con mayor radicalidad y creatividad con respecto a la dignidad de todas las personas. Hay una mayor apertura a ser evangelizados/as por ellos. (Luc. 21. 1-4)

 

Algunos ejemplos concretos son: un estilo de vida mas sencillo, inserción entre los medios marginados, acciones de solidaridad, nuevos servicios a mujeres, niňos/as, emigrantes y enfermos de SIDA (Luc. 10. 30 ss.). Otro signo de vitalidad es la colaboración  y redes entre las congregaciones y con las ONGs que trabajan por la JPIC, Derechos Humanos, Reconciliación (Jubileo 2000) para incidir en las estructuras de la sociedad. El testimonio de los/las mártires por la causa de la justicia han animado e inspirado la VC. Todos estos esfuerzos son sostenidos y apoyados por una vida de oración encarnada, por una espiritualidad y una teología.

 

Existen algunos obstáculos que bloquean nuestro compromiso y praxis de JPIC. Por ejemplo, nuestras actitudes de cansancio, impotencia, indiferencia, complacencia e individualismo (Fil. 2.6-11). La falta de enfoque e identificación de las prioridades afectan negativamente la coherencia, eficacia y credibilidad. Nos falta liberarnos del bagaje que cargamos del pasado (ej. Grandes instituciones con pocas personas), de un estilo de vida apoyado en la seguridad y el confort, de políticas sobre inversiones sin criterios de justicia. A veces la formación es orientada a mantener las instituciones y no a comprometerse por  la causa del Reino. (Mt. 6.33)  No existe un lenguaje común para facilitar la comunicación y dialogo entre diferentes generaciones, grupos culturales y mentalidades. Algunos miembros de la Iglesia Jerárquica no apoyan una vida consagrada más profética. Utilizan un lenguaje legalista, moralista y disciplinario. (Lc 6. 1 ss.)

 

Todo esto pide una transformación estructural en nuestro estilo de vida y ministerios. Nos falta consolidar la red JPIC a nivel local, provincial, congregacional e intercongregacional y crearla donde todavía no la hay. Necesitamos unas estructuras más ligeras y sencillas. Nuestras comunidades deben ser abiertas y acogedoras. Mientras hemos tratado de promover a los pobres, no hemos hecho mucho por  evangelizar a los ricos. Hay mucho que hacer en el campo de la formación tanto inicial como continua para superar el individualismo y posibilitar compromisos y praxis corporativos. Vemos la necesidad de consolidar las practicas de la economía solidaria y justa como la inversión socialmente responsable y el comercio alternativo.

 

Convencidos/as de la necesidad urgente de globalizar una solidaridad compasiva y efectiva en todos los lugares donde vivimos y servimos, proponemos lo siguiente:

 

  • Animar las nuevas formas de vida comunitaria mas internacionales e interculturales como signo de fraternidad universal en Cristo en un mundo dividido y violento
  • Consolidar la formación de las redes con la Comisión JPIC de las USG/UISG, la sociedad civil, ONGs, ONU (Carta de la Tierra, MDGs...)

 

 

Las áreas de prioridad son:

  • Trafico de mujeres
  • HIV/Sida
  • Construir una cultura de paz y formación para la  no violencia evangélica (Mt. 5.9)
  • La necesidad de enfocar  los derechos humanos de palestinos en Tierra Santa y la realidad de cristianos en el Medio Oriente,  sobre todo en Iraq
  • Promover el estilo alternativo de consumo (Comercio justo y solidario) y de inversiones (Bancos éticos)

 

En nuestro servicio a los excluidos, no nos olvidemos de que no somos su voz sino que queremos colaborar para que su propia voz sea escuchada.