BIENVENIDA 

Hna. Therezinha Joana Rasera, SDS

 

Con mucha alegría y con un profundo sentimiento de gratitud a Dios, en nombre del Consejo Ejecutivo de la Unión Internacional de Superioras Generales, a cada una/o de vosotras/os os doy la más calurosa y cariñosa bienvenida.

 Estamos aquí para realizar nuestra Plenaria que históricamente se viene celebrando cada tres años. En primer lugar queremos agradecer todo el interés,  el empeño y la participación a quienes en este último trienio, como Mujeres Discípulas de Jesucristo, han asumido vivir una Espiritualidad de reconciliación y ser portadoras de ella en nuestro mundo herido. Nuestro compromiso ha sido enriquecido, profundizado y concretizado en múltiples acciones, entre ellas el Congreso Internacional de la Vida Consagrada, llevado a cabo en 2004, cuyo tema fue : « Pasión por Cristo, Pasión por la Humanidad ».

 

La Plenaria

  • es un lugar por excelencia de encuentro, para compartir, para escuchar, en comunidad, la voz del Espíritu;
  • es un espacio privilegiado en donde podemos crear y profundizar nuestras relaciones y  querernos más;
  • es el tiempo para verificar nuestra fidelidad dinámica al llamado de Dios;
  • es el lugar para vislumbrar, juntas, nuevos horizontes, y para tener el valor de reorientar e innovar nuestra vida y misión para ser un signo vivo y verdadero de esperanza y de vida en abundancia, en nuestro mundo que sufre. Mundo en el cual toda clase de pobreza clama justicia, para todas y todos, y con urgencia, para las personas más excluidas y abandonadas.

 El TEMA de esta Plenaria, fruto de sus respuestas a nuestro cuestionario, afirma que estamos « Llamadas a tejer una nueva Espiritualidad que genere esperanza y vida para toda la humanidad ».

 Durante el tiempo que precedió a nuestra Plenaria, hemos venido meditando en el significado de cada elemento de nuestro tema,  en su impacto, y en el proceso para mantenernos en fidelidad dinámica y creativa a nuestros carismas congregacionales, en el mundo de hoy, y con un horizonte abierto al futuro. Muchas veces me viene a la mente la vocación del profeta Jeremías y la misión que le dio Yahvéh : “Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar” (Jer 1, 10). Y nuestro tema tiene que ver con nuestro sueño común.

 Como mujeres, soñamos vivir plenamente nuestra identidad y nuestra misión en nuestro mundo. Soñamos con poder superar las divisiones y los estereotipos de género, impuestos por una sociedad que nos juzga incapaces de pensar, seres frágiles, pasivas, ironizadas, abusadas o violadas en nuestro cuerpo, corazón y mente. Por eso, la Palabra de Dios a Jeremías tiene también sentido para nosotras hoy: exterminar, desde el fondo de nuestro corazón, la identificación con los modelos negativos de lo femenino impuestos por nuestras culturas, y construir nuevas relaciones, verdaderamente humanizadas. Nuestro ser de mujer tiene una cualidad que no es un privilegio, sino un llamado personal de Dios. No podemos escoger nacer mujer, pero podemos optar por ser mujeres consagradas. Como a Jeremías, ¡Dios nos envía a algo muy específico! Nuestra vocación es histórica, nació en una situación concreta, cuando nuestros Fundadores y Fundadoras, sensibles a los signos de los tiempos, escucharon los clamores del pueblo, supieron identificar los llamados de Dios para ellos y concretizaron, en la historia, este llamado a ser portadores/as de salvación y responder a una necesidad específica en la Iglesia y en el mundo.

 Hoy nosotras/os, seguidoras y seguidores de la obra iniciada por nuestras/os fundadoras/es, estamos  llamadas a tejer una Nueva Espiritualidad, fundada en la PALABRA. Nueva porque la realidad en donde la encarnamos es nueva; nuevos son los retos y nuevas las respuestas. A ello nos exhorta el profeta Isaías 43,19 :  “He aquí que yo lo renuevo : ya está en marcha, ¿no lo reconocéis?”

 Estamos llamadas a vislumbrar una Vida Consagrada que busca saciar su sed en la Fuente nuclear: la Palabra de Dios encarnada en la historia humana. « En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios... y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros” (Jn 1, 1.14). Se trata de tejer una espiritualidad Pascual, profundamente humana y comprometida con la vida en abundancia para todos y todas.

 Por eso, tejer esta Espiritualidad implica abrirse al Espíritu y dejarse guiar por Él. Implica que seamos personas sensibles, atentas a los clamores de nuestro tiempo; descender y armar la tienda en medio de la humanidad para, allí, identificar los gritos del pueblo que sufre; e iluminadas siempre por la Palabra, osar avivar la esperanza, siendo así un signo de la ternura salvífica de Dios en el mundo.

 En la Biblia, la esperanza no es una proyección en el futuro. Al contrario, significa vivir aquí y ahora, anticipadamente, el futuro que deseamos para el mundo.

Tejer una nueva espiritualidad puede significar la consolidación de un camino de solidaridad universal que ayude en la transformación de cada persona y del mundo, en función de la justicia, de la paz y del cuidado del universo.

 La solidaridad evoca para nosotras, en este momento de la historia, el sentido de una profunda y peligrosa profecía. Esto porque en nuestro planeta vivimos una crisis sin precedentes, producida, sobre todo, por un sistema capitalista globalizado que explota al ser humano y a toda la creación; que no distribuye las riquezas y que provoca inmensas divisiones, guerras y contradicciones; que provoca éxodos de masas humanas que buscan sobrevivir; que vuelve esclavas a unas naciones para asegurar los privilegios y el poder de otras. Es peligroso ser solidaria en este mundo, porque la solidaridad por el Reino desafía este modelo de gobernar y organizar el mundo.

 Tejer una nueva espiritualidad significa, también, construir un proceso en donde se privilegian los valores de la Pasión por Cristo y por la Humanidad.

La fascinación por Dios y por su Reino nos anima, convoca y desafía a ensanchar la tienda para que en ella encuentren un espacio de esperanza y vida, los laicos, la mujer, los « desplazados », o sea, los excluidos, los que no tienen casa, o tierra, los que emigran buscando sobrevivir; nuestra madre tierra ; el diálogo entre las culturas y las religiones. Estas personas o situaciones que acabo de citar son los cinco retos indicados en sus respuestas, sobre los cuales tendremos la oportunidad de reflexionar durante esta Plenaria.

 Esta actitud para nosotras/os Consagradas/os implica vivir, radicalmente, una propuesta alternativa, contra-cultural, contra la corriente y el modelo del mundo actual. Implica ser un signo de contestación de los contravalores de la Fe y de la humanización de los pueblos. Éste ha sido y continuará siendo el origen y la finalidad de la Vida Consagrada en la Iglesia y en el mundo.

 Sí, estamos llamadas a tejer una nueva Espiritualidad que genere Esperanza y Vida para todas y todos en nuestro mundo complejo, en donde el mal parece suplantar al bien, y en donde los medios de comunicación son, con demasiada frecuencia, medios de manipulación. Redescubrir en este mundo el sentido de nuestra esperanza y de nuestra vida fundada en Jesucristo encarnado, muerto y resucitado, es hoy, una urgencia y un desafío. El pueblo de Galilea, pueblo que vivía en la región oscura de la muerte, como describe san Mateo 4, 16, vio una gran luz, Jesús. Él mismo es el signo de Esperanza y de Vida para el pueblo marginado. Cuando los discípulos de Juan se le acercaron para preguntarle « ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”,  Jesús no les da explicaciones sino que los invita a escuchar y a ver los signos concretos de esperanza y de una vida nueva: « los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva”  (Mt 11, 3-6).

 La Esperanza y la Vida tiene que ver con una mística fundada en el Reino de Dios predicado por Jesús – es una forma poderosa y misteriosa de la vida, pero es también una acción concreta que la hace visible y palpable. La profecía de la Esperanza y de la Vida para nosotros/as es una urgencia porque, tanto nosotras/os como todo el pueblo de Dios, necesitamos alimentar nuestras fuerzas interiores para creer que otro mundo es posible.  «Lo de antes ya ha llegado, y anuncio cosas nuevas; antes que se produzcan os las hago saber”  (Is 42, 9).

 Queridas Hermanas y Hermanos, que en estos días aquí reunidas/os podamos dar dos pasos importantes en nuestro caminar : un paso hacia afuera del límite habitual de la historia del mundo actual y el otro hacia adentro, hacia lo esencial de nuestra vocación de mujeres y hombres consagradas/os, o sea :

Ir allende de una Vida Religiosa tradicional, activista, auto-suficiente y segura, hacia una VR sin poder, sencilla, humanizada y que comparte el mismo destino de los pobres;

Ir allende de una espiritualidad intimista, hecha de muchas palabras y distante de las realidades de la vida, hacia una mística fundada en la Palabra de Dios, que alimenta nuestra pasión por Dios y nuestra pasión por la humanidad.

Ir allende de un estilo de VR profesional y bien ajustado a las reglas del sistema, hacia una VR profética, audaz, que propone nuevas alternativas.

Ir allende de las ofertas y tentaciones del consumismo, del secularismo, del individualismo… hacia una VR centrada en la defensa de la dignidad de la vida humana y de toda la creación.

Ir allende de la superficialidad de las apariencias externas, hacia una VR que vive desde dentro, de lo esencial del corazón humano, explotando sus fuerzas que humanizan y que dan la capacidad para amar.

Ir allende de lo establecido y seguro, para habitar en las fronteras peligrosas y desafiantes en donde gimen las marginadas y marginados de nuestro mundo. Esto pide de nosotras/os una VR menos estructurada, menos burocrática, más pobre, más libre y más peregrina.

Ir allende de nuestros miedos y límites humanos para dejar que Dios nos moldee, nos transforme, nos salve y nos envíe de nuevo, en cualquier situación de nuestra vida, para que seamos signos creíbles y luminosos del Evangelio de Jesucristo.

 Con estas palabras quiero invitarlas/os a entrar en un clima de oración, de apertura y sensibilidad, de escucha de unas/os a otras/os, y de la acción del Espíritu Santo en nosotras/os.

 Implorando la bendición de la Santísima Trinidad, la protección de María y la intercesión de nuestros Fundadores y Fundadoras, deseo a todas/os una Plenaria creativa, alegre y llena de bendiciones.

 

 

 


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