ASAMBLEA DE LAS SUPERIORAS GENERALES

 

DESARROLLO DEL PROYECTO SIDA

 

 

Sor Maria Martinelli

Coordinadora del Grupo SIDA

Roma, 09/04/07

Ante todo, deseo agradecer a la Asamblea por la invitación a ilustrar brevemente el Proyecto del SIDA, que ha inaugurado  la actividad de la Comisión por la salud. Se puede decir que también este es un fruto de la Convención de la Vida Religiosa del 2004, que ha visto en la  mayor colaboración entre los institutos uno de los signos proféticos de nuestro tiempo.

La decisión de dar prioridad al SIDA y por consiguiente, de nombrar un grupo de trabajo especifico (Grupo SIDA), está relacionada a la gravedad de la pandemia y a la conciencia del grande compromiso que como religiosas/os hemos puesto desde el principio en enfrentarla, respondiendo a esta tragedia, comprometiéndonos al lado de los enfermos y sus familias, desarrollando programas sanitarios de apoyo y prevención, los cuales, en muchos casos se difundieron a varios países y han sido también un modelo para intervenciones a grande escala. No obstante, debemos reconocer también algunos límites, el primero entre todos ha sido el de la fragmentariedad en nuestras intervenciones. Ahora estamos llamados a colaborar con todas las fuerzas comprometidas  en la lucha contra el SIDA, empezando por superar la fragmentación que existe entre nosotros para lograr trabajar en Red con los Organismos que se ocupan de este problema a varios niveles, hasta llegar a los Organismos Internacionales. Para esto, nos hemos propuesto acoger el reto de la colaboración y presentar un “Proyecto SIDA” que tenga como objetivo general: mejorar y hacer surgir nuestro vigor en respuesta a la pandemia, empezando con el censo de todas nuestras actividades en relación al SIDA, en todo el mundo, para darnos cuenta de manera precisa y científica del trabajo que ya hacemos, las posibles lagunas, las dificultades y mejoramiento que se puede aportar.

 

El primer paso, ha sido un encuentro en Roma, del 12 – 14 de diciembre del 2005, entre religiosas/os ya comprometidos en varios proyectos de SIDA, al cual han estado presentes también dos representantes del UNAIDS y el Rev. Bob Vitillo, de Caritas Internacional. En estos tres días, hemos examinado la situación global de la pandemia en el mundo, compartido algunas reflexiones  teológicas y éticas, visto algunos ejemplos de actividad concreta de los religiosos/as, elaborado un “Concept  paper”  y planificado las estrategias para el censo.

El paso siguiente ha sido la difusión de los cuestionarios para recoger los datos, a través de la UISG y la USG a los Superiores/as Generales, de estos a los Superiores/as Provinciales y de comunidad.

Hasta ahora nos han llegado aproximadamente 600 respuestas, a decir verdad, no es un número muy grande respecto a todas las comunidades religiosas que están efectivamente comprometidas en este campo, pero suficientes para hacer un estudio serio del impacto de nuestro trabajo. Quisiera animar a una nueva participación: las grandes Organizaciones están particularmente interesadas en interactuar con nosotros y nosotros tenemos una palabra que decir, una palabra que tiene autoridad porque no viene de una elaboración teórica, sino de la vida realmente compartida con las personas que sufren. Nosotros acompañamos a las personas, a las familias, a los jóvenes, a través de la tragedia del SIDA, conocemos cuales son sus miedos, sus necesidades verdaderas, sus angustias y sus esperanzas; tenemos el derecho y también el deber de hacerlas presentes a los “grandes”, de hacernos concretamente, un “puente” entre los pobres y los pudientes, de comprometernos para que los recursos económicos disponibles para este fin lleguen efectivamente a quien tiene necesidad. No podemos pensar en sostener nuestros propios proyectos, que son de periodos muy largos, con nuestros recursos solamente, ¡debemos llegar a  tener un mayor acceso a estos fondos y debemos llegar juntos!

 

Abriendo el Especial encuentro sobre el SIDA de Naciones Unidas de Junio 2006, el entonces Secretario General Kofi Annan, dice:

Han pasado 25 años desde que el mundo oyó hablar por primera vez del SIDA. Mirando hacia atrás, parece que “aquella edad de la inocencia” pertenezca, no solo a un tiempo diferente, sino a un mundo diferente. Desde entonces el SIDA se ha difundido con modalidades que vemos solo en las pesadillas. Se ha extendido más velozmente y con mayor efecto catastrófico a largo termino que cualquier otra enfermedad. Su impacto se ha convertido en un devastante obstáculo al progreso de la humanidad”.

 

Veamos resumidamente las dimensiones que asustan y el impacto de la pandemia sobre la familia humana:

 

Según los datos difundidos por la UNAIDS, al final del 2006 eran 39,5 millones las personas vivas con el virus. 4,3 millones han sido infectadas en el año, 2,9 millones han perdido la vida, de las cuales 2,1 millones solo en África.

Esto significa, cada día: 11 000 nuevas infecciones, de las cuales 1 500 se dan en niños con menos de 15 años de edad; 8 000 muertos.

El peso mayor del sida se da todavía en los países en vías de desarrollo (95%). Esta enfermedad ataca principalmente personas jóvenes y las mujeres cargan con el 50% y más de este peso. Se habla de ¡15 millones de huérfanos!

El África sub-sahariana queda como la región mayormente afectada en el mundo. Un poco más de un décimo de las poblaciones mundiales vive en esta área, pero son más del 64% de todas las personas que viven con el virus (24.7 M). Tres cuartas partes de todas las mujeres positivas vive en  África Sub-sahariana.

Lo más grueso del problema parece llegar más tarde en Asia y el Pacifico, sin embargo, los expertos están muy preocupados por cuanto está surgiendo en esta área, con tan alta densidad de población. El predominio está creciendo en China, Indonesia, Papau Nueva Guinea, Vietnam e India.

También Europa Central y del Este tienen una situación preocupante

El Caribe es la segunda región más afectada

En Medio Oriente y el Norte de África, aunque el predominio sea bajo, los datos indican un crecimiento.

En países de altos recursos económicos, las personas infectadas viven más tiempo y mantienen una buena calidad de vida por la posibilidad de medicinas apropiadas. Pero es de notar que se infecta un número más alto de: mujeres, personas de color y personas marginadas y pobres. Y parece ser que nuevamente aumenta en hombres homosexuales.

 

Más allá de los números,  es importante el impacto del SIDA en la vida social y el desarrollo. Podemos decir que lo que vemos son los efectos del SIDA: prematura pérdida de vidas humanas y de capacidades técnicas, de conocimiento y de cultura, destrucción de familias, millones de huérfanos, falta de respeto a los derechos humanos, retroceso del progreso económico, social y en el ámbito sanitario: una marcada reducción de la esperanza de vida, disminución del crecimiento económico, mayor pobreza y exacerbación de la escasez de alimento

Pero las raíces son de nivel social, cultural y de género: situaciones que mortifican la dignidad humana, incluyendo injusticias estructurales, prejuicios, falta de justicia distributiva, desigualdad de género, abusos sexuales, trafico de seres humanos y comercio sexual, escaso compromiso en la educación de niños y jóvenes y especialmente de las niñas. Y todavía: ambientes de extrema pobreza, malnutrición debilidad del poder decisional de las mujeres y muchachas, servicios sanitarios inadecuados, falta de oportunidades de trabajo y de servicios recreativos para los jóvenes… Todo esto significa un terreno fértil para la trasmisión y el desarrollo de la enfermedad.

 

Nosotros religiosos/as estamos presentes allí donde la gente sufre, con nuestras escuelas estamos presentes allí donde están los jóvenes, con nuestra actividad pastoral en todas partes. Estamos muy comprometidos/as también en actividades de advocacy, de Justicia y Paz, de reflexión teológica, pero en estos ambientes tendríamos que ser más. Pienso que tenemos una palabra que decir, por ejemplo, sobre la ética del acceso a las medicinas y sobre la ética de la vida humana, a partir de la ética sexual, no tanto centrada sobre su negación cuanto sobre propuestas positivas de valores. Tenemos una palabra que decir contra el estigma y la discriminación  y contra el silencio y la negación de la epidemia en tantos países. Allí donde todo se concentra en la medicación, podemos  estimular a un mayor compromiso en la prevención, particularmente en el ámbito educativo.

Nosotras religiosas, como mujeres, tenemos una palabra que decir sobre la feminización, ligada a las persistentes desigualdades y explotación de la mujer.

Los ambientes de acción son tantos y me atrevo a decir que verdaderamente hay lugar para expresar todos nuestros carismas: esta epidemia terrible, es una nueva llamada a cada una de nuestras Congregaciones, nacidas del corazón de Dios, nacidas de la compasión y acercamiento de Dios hacia la humanidad sufrida y necesitada. Para nosotras, mujeres consagradas, es una llamada a reorientar el fuego de nuestra caridad en beneficio de las mujeres y de las jóvenes de manera especial.

 

Nuestro proyecto nos ha llevado a participar en diferentes encuentros internacionales a los cuales hemos sidos invitados porque nos ha parecido interesante y particularmente prometedor para un paso hacia delante en la lucha contra el SIDA, sea de parte de UNAIDS y de otros Organismos Internacionales como de los Obispos Africanos y otros que poco a poco nos van conociendo: Ginebra, Toronto, Nairobi, Roma. Otras reuniones están en el programa para los próximos meses. La George Town University di Washington está elaborando los datos adquiridos en los cuestionarios y los primeros resultados se deberían tener dentro de poco. Vemos también que a medida en que se participa en encuentros, la red de relaciones se alarga y aparecen nuevas oportunidades de colaboración: seria oportuno que otras Congregaciones pusieran a disposición personas para llevar adelante este trabajo también  para explorar nuevos ámbitos de servicio.

 

Me parece importante tener presente aquello que puede ser un concepto clave: acoger, también lo que represente un reto, como puede ser la interacción con los grandes Organismos para poder decir una palabra, proponer una idea que sea según nuestro pensamiento, estar también allí donde de alguna forma se deciden las políticas. Superar el miedo de la confrontación por el interés de tantos pobres. El dialogo ya empezado con algunos Organismos es prometedor y confiamos en que se pueda reforzar. Intensifiquemos la colaboración entre nuestros Institutos Religiosos, como habíamos escrito en el Concept paper, para aprende unos de los otros las estrategias mejores, sobre todo para ser fieles a la pasión por Cristo y por la Humanidad que anima y guía desde siempre nuestras elecciones y que a lo largo de los siglos ha llevado a los religiosos/as, proféticamente, también en caminos inusuales.


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