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CONGRESO MUNDIAL DE LA VIDA RELIGIOSA Roma, 23 -27 de noviembre 2004 PALABRAS DE ACOGIDA Queridas hermanas y queridos hermanos. Buenos días a todos. Con gran alegría y corazón vibrante os acogemos a todos/as, participantes a este Congreso de la Vida Consagrada. Venimos de muchos rincones de nuestro planeta con sed de profundidad y de renovación a beber el agua del pozo que nos ofrece vida y esperanza. El mundo, y en especial los pobres, esperan y necesitan que nosotros - religiosas y religiosos - seamos personas de esperanza, de esa esperanza que da luz y fuerza a nuestras vidas para seguir luchando por su dignidad y por una vida más significativa y alegre. Podemos decir que esta es la esperanza cristiana, con la fe y la caridad por compañeras. Una esperanza nacida de la Resurrección de Jesús y que, ante la opresión y la muerte, crea un espacio nuevo para la vida. Estamos aquí como representantes de la Vida Consagrada de todo el mundo. En este congreso participan 95 religiosas y religiosos provenientes del Continente Africano; 250 de América del Norte, Central y del Sur; 92 del Continente Asiático; 16 de Oceanía y 394 de Europa. Un total de 847 religiosos y religiosas de los cinco Continentes: personas de las Curias generales, presidentes/as de las conferencias nacionales y continentales, teólogos/as, jóvenes, responsables de centros de espiritualidad y de algunas revistas.. Tenemos también algunos invitados especiales: Obispos, miembros de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, y de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y representantes de movimientos eclesiales. A todos y cada uno, Bienvenida. Somos conscientes de que el éxito de este Congreso depende de cada una y cada uno de nosotros. Depende de nuestra participación activa y efectiva, independientemente de la categoría en la que nos hemos inscrito. Por eso queremos invitaros a sentiros en casa para crear juntos un ambiente de apertura, sencillez, espontaneidad y alegría, un ambiente de participación dinámica. Y en este ambiente es muy importante la escucha activa y atenta a la voz del Espíritu que se va a revelar en cada participante a través nuestro diálogo con las diferentes culturas y expresiones de Vida Consagrada. Una escucha que nos llevará a acoger y hacer los cambios necesarios que piden los tiempos actuales. Bienvenidos y bienvenidas a compartir también los sufrimientos, frustraciones, angustias, búsquedas, realizaciones, sueños y esperanzas que desbordan nuestros corazones. Bienvenidos y bienvenidas a vislumbrar nuevos horizontes y a dar dinamismo de futuro a nuestra historia con la convicción y el valor profético de nuestros Fundadores y Fundadoras. No conocemos el fruto del Congreso sólo sabemos que queremos descubrir alternativas para nuestra realidad actual y hacer un camino que active nuestra presencia y potencie la esperanza en un mundo otro posible, más justo y solidario, en el que las relaciones políticas, económicas, afectivas y religiosas sean según el proyecto del Reino de Dios. Conscientes de que quien sigue las huellas de Jesús de Nazaret desafía también con Él el imperio de la muerte y el poder de los opresores de este mundo, queremos arriesgamos a perder la propia vida para que otros tengan “más vida y una vida en abundancia” (cf. Jn 10,10). Siguiendo el ejemplo de Cristo que, “siendo de condición divina, no se apegó sino que se despojó de sí mismo asumiendo la condición de Siervo” (Fil 2, 5-11), la Vida Consagrada está llamada a despojarse de todo aquello que ha ido encarcelando su fuerza de profecía. Empezando por sus ideas sobre Dios que muchas veces están lejos de la realidad y de la experiencia de las personas. La Vida Consagrada debe despojarse también de la imagen que tiene de sí misma, de esa imagen tantas veces aprisionada dentro de los muros de sus aparentes seguridades que la alejan y la hacen ajena a los dolores y gritos de los pobres. Al contemplar la realidad del mundo de hoy, nos surgen muchas preguntas: ¿Qué vida consagrada está suscitando el Espíritu Santo hoy? ¿Cómo identificarla, describirla, proponerla y vivirla? ¿Cómo detectar lo que bloquea su existencia? ¿A qué pozos y a qué caminos nos conduce esta vida consagrada que emerge? (Instrumentum Laboris) Estos días nos haremos estas y otras preguntas. Queremos estar a la escucha de las respuestas que nos inspira el Espíritu y abrirnos a las preguntas que no nos hemos hecho. El Instrumentum Laboris nos señalaba una serie de desafíos: “Dentro de la humanidad y de la Iglesia, vivimos como consagrados momentos cruciales. Tenemos que tomar decisiones de gran trascendencia para el inmediato futuro. Urge tener actitudes de esperanza, justicia y solidaridad para que todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo puedan vivir la vida dignamente. Necesitamos tomar posturas firmes y decisivas: podemos alentar la vida o dificultarla, crecer en comunión o crear más distancias entre nosotros, dejarnos vencer por las dificultades o plantarles cara. No tenemos tiempo que perder. Las nuevas realidades demandan nuevas respuestas”. (nº 56) Por eso, todos estamos invitados a compartir en esta gran asamblea, a través del diálogo y del discernimiento, nuestros dones e inspiraciones con el fin “de manifestar el don del Espíritu para el bien común”. Cf. 1Cor 12,7 El tema del Congreso, Pasión por Cristo, Pasión por la Humanidad, encuentra inspiración para su discernimiento y propuestas de acción en el doble icono evangélico: la samaritana y el samaritano. Los dos personajes de Samaria que han sido escogidos como símbolos, inspiran y apuntan a una Vida Consagrada que sea respuesta significativa para nuestros tiempos. La Samaritana nos sugiere que la propuesta que Jesús hace a sus seguidores/as es inclusiva. Jesús vino para acabar con las divisiones, muchas veces creadas en nombre de la religión y de Dios, con las consecuencias desastrosas que todas/os conocemos. En el diálogo con El, la Samaritana toca su intimidad personal y toca la vida de su pueblo, una experiencia que la lleva a entrar en un proceso de conversión. También a nosotros nos mueve el Espíritu. Nos invita a acercarnos una vez más al Evangelio como seguidores de Jesús y a acoger su invitación amorosa a cambiar radicalmente nuestras vidas: pasar del individualismo a la solidaridad, de la frialdad racional a la sensibilidad y humanización de las relaciones, de los prejuicios a la acogida y al diálogo con el otro y la otra; de la guerra a la paz y la justicia, de una apariencia de fuerza y de poder a una semejanza más estrecha con el Siervo de Yahvé, y así ser dignos de nuestra vocación de misioneros y misioneras de la Buena Noticia. El Espíritu nos interpela a no acomodarnos al orden vigente, a no ajustarnos a una presunta superioridad espiritual y a no creer que nuestra consagración, de por sí, nos pone en un proceso automático de santificación y de testimonio de lo sagrado. Muchas veces nuestra consagración se convierte, por nuestra parte, en fariseísmo y antitestimonio. Nos quedamos al margen de cualquier cambio o transformación, “yendo por la vida sin convocar ni anunciar” porque “nuestras obras justifican nuestro medios y nuestros miedos”, como lúcidamente escribió don Pedro Casaldáliga, en su reacción al Instrumento Laboris. Y continúa: “estamos habituados a tener que parecer discretos y sensatos y la profecía sólo se encuentra un pequeño número de nosotros. Tenemos miedo de hacer el ridículo y de la locura del Evangelio. Tenemos miedo de perder las seguridades personales o comunitarias. Podríamos contrariar a algunos bienhechores, autoridades o jerarquía. Tenemos miedo de la cruz y de la persecución, que son inevitables si queremos vivir con radicalidad nuestro seguimiento”. La Vida Consagrada no superará su crisis si no entra en un proceso de evangelización de sí misma que nos obligue a volver a esa fuente de la que surgió nuestra historia. Tenemos que tocar de nuevo la fuerza y el poder de transformación de nuestros carismas. Nuestros fundadores y fundadoras dejaron bien claro que el carisma apunta a la fuerza de una verdad evangélica capaz de cambiar nuestras vidas y la realidad que nos rodea. Ninguno de nuestros institutos nació para dar continuidad a una situación estática y de falta de vida, de “no-vida”, todo lo contrario, nacieron para la vida y para rescatar la opción por los empobrecidos. El encuentro personal con Jesús llevó a la Samaritana a descubrir un nuevo horizonte de espiritualidad y de sentido para su vida y, consecuentemente, para su pueblo. Se atrevió a dialogar con un judío extraño y se expuso a la novedad. Osó ir más allá de lo instituido para buscar un sentido a su vacío, ¡y encontró un pozo de Agua Viva! La parábola del Samaritano se sitúa después de que Jesús alabe al Padre por “haber escondido esas cosas a los sabios y entendidos y haberlas revelado a los sencillos” (Lc 10,21). En realidad el primero que intenta confundir a Jesús es un “sabio y entendido” -un experto de la ley-. Lucas nos quiere hacer ver que su pregunta a Jesús “¿qué debo hacer para ganar la vida eterna?” (v.25), no la hace porque le interesa la verdad, sino “para confundir a Jesús”. Jesús, al devolverle la pregunta, deja claro que el experto ya sabía la respuesta y por eso podía citar el mandamiento de la ley “amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús simplemente le dice: “Has contestado bien; haz lo mismo y vivirás” (v.28). Pero el hombre insiste. “¿y quién es mi prójimo? (v.29). Jesús no cae en la trampa de hacer una discusión teórica y estéril sobre quién es el prójimo. Pasa al nivel de la vivencia contando la parábola del Samaritano. Al terminar su historia, le pregunta “¿quién se hizo prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones?“. Forzado a reconocer que quien se hizo prójimo del herido fue un Samaritano, el legista escucha de la boca de Jesús la conclusión: “Ve y haz tú lo mismo” (v.37) Estamos invitados/as a vivir una Vida Consagrada “samaritana” con sed de Dios y movida incansablemente a practicar la misericordia, dispuesta a desinstalarse por causa de la misión, de cualquier lugar o situación en la que se encuentra,. Esta llamada nos pone en crisis y, si la aceptamos, nos hace entrar en un discernimiento. Necesitamos valor para leer y acoger los signos de los tiempos y audacia para actuar proféticamente. Así, la Vida Consagrada pasará de la preocupación de sí misma a la transparencia en el seguimiento apasionado de Jesucristo. Los personajes de Samaria nos dejan muy claro que el camino está en acercarse al mundo de los excluidos, y a todas las personas o grupos que se encuentran fuera del círculo de privilegiados en esta sociedad globalizada. Son ellos los que darán a la Vida Consagrada el sentido que ella tanto busca. Queridas hermanas y queridos hermanos, bienvenidos y bienvenidas, a “sumergirnos en el espíritu del Congreso que es el de acoger la voz del Espíritu de Dios, para dejarnos transformar y así iniciar una nueva praxis” Acoger: implica apertura, una escucha activa y un compartir lo que el Espíritu nos ofrece, y conmoverse por razones evangélicas.... Dejarse transformar: es posible si permanecemos abiertos para aprender y discernir los espíritus que nos mueven. Vislumbramos un horizonte nuevo y por eso, soñamos con relanzar la Vida Consagrada con toda la fuerza de su espiritualidad de comunión, alegría y esperanza para la misión. Estamos descubriendo la validez de nuevas expresiones que nacen entre nosotros y queremos acogerlas y promoverlas como don de Dios y como compromiso. Queremos fortalecer la espiritualidad y la misión compartidas con el pueblo de Dios, así como la comunión y solidaridad entre Vida Consagrada femenina y masculina. Queremos comprometernos a experimentar la Pasión por Cristo y la Pasión por la Humanidad en nuevos contextos. “La vida consagrada está llamada a cultivar y privilegiar el apasionamiento por Dios y por el ser humano” (VC 87) y a ser la voz que se interroga a sí misma en todos los lugares del mundo donde está presente. Bienvenidas y bienvenidos para hacer de este Congreso una Buena Noticia para el mundo. ¡Estamos aquí para seguir siendo un don del Espíritu en la Iglesia y en el mundo! Hermana Therezinha Rasera Presidenta de la UISG |
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