„Mujeres consagradas apasionadas por Cristo:

Testigos en el mundo de la justicia, la reconciliación y la paz“

 

  Hna. Hanni Rolfes, M.S.C.

 

Me han pedido que sea una de las relatoras en este encuentro, teniendo como base 4 preguntas propuestas. No voy a dar una respuesta detaillada a cada pregunta, sino intentar de dar una respuesta conjunta a las preguntas a partir de mi experiencia concreta como religiosa en Rumanía, donde vivo y trabajo desde 1993. Con todo,  lo que voy a decir son aspectos y tendencias, que a nivel de la conferencia de religiosas de Rumanía van tomando cada vez mayor fuerza.

 

Rumanía es un país con una realidad muy diversificada. Además de rumanos, hay varias minorías como son: húngaros, romas (gitanos), alemanes y otros. También hay una diversidad de confesiones: ortodoxos, romano- y  griego- católicos y reformados. Todo ello ha marcado fuertemente al país.

Rumanía es seguramente uno de los países del este de Europa que más ha sufrido bajo el régimen comunista. El daño más grande no debe ser buscado en el campo económico, aunque también allí la situación es difícil, sino en la destrucción de la persona. El hombre como tal no tenía importancia ni derechos. Las consecuencias de esta opresión se sienten todavía hoy de muchas maneras: pasividad, falta de iniciativa y creatividad, resignación, etc. Con eso no queremos negar, que después de 1989 se han producido en el país muchos cambios favorables.

Como toda la sociedad así también la Iglesia ha experimentado grandes cambios en los últimos años lo que hace posible que ella pueda estar presente de una manera nueva. Durante el período comunista la Iglesia sólo podía actuar al “interior de la Iglesia” y tenía que limitarse prácticamente a la administración de los sacramentos. Hoy, en cambio, tiene la posibilidad de estar también presente en el ámbito socio-caritativo, puede ser Iglesia en el mundo, como lo desea el Concilio Vaticano II. Eso no le es fácil a la Iglesia. Más de 40 años de opresión también han dejado huellas en ella.

Teniendo en cuenta esta situación social y eclesial concreta, nosotras, las religiosas, intentamos implicarnos en los siguientes campos:

 

Campo pastoral: Como ya hemos mencionado, el quehacer pastoral en el pasado casi ha tenido que reducirse al aspecto sacramental; el aporte y la colaboración activa y responsable de laicos no han sido posibles. Por eso intentamos hacer un trabajo multiplicador, incentivar el trabajo de los laicos, favorecer un “estilo pastoral” en el pensar y actuar, donde la persona con sus necesidades concretas esté en el centro de atención.  Es sumamente importante despertar en las personas confianza en sus propias posibilidades, “tu fe te ha salvado” (Mc, 5,34), ayudar a tomar conciencia de la propia dignidad, descubrir el evangelio como “Buena Nueva”, Dios como el Dios de la vida y de la misericordia, quien da posibilidades de vida a todos los hombres, sobre todo a los marginalizados. Esto exige de nosotras conocer las preocupaciones y angustias de los hombres, acompañarlos y juntamente con ellos intentar de cambiar esta situación.

 

Campo teológico-espiritual: Colaboramos en una profundización actualizada de la fe a través de cursos básicos de teología, de retiros para jóvenes y adultos, acompañamiento espiritual, lo que nos parece sumamente importante. Es urgente intensificar los esfuerzos en este campo porque hay una necesidad grande.

 

Campo socio-caritativo: Al caer el régimen comunista se ha derrumbado también en gran medida el sistema social. Eso tiene como consecuencia que la pobreza de la gente ha ido en aumento y la diferencia entre ricos y pobres se hace cada día más grande. Por ello trabajamos con grupos marginados y desamparados, como son: Niños de familias desorganizadas, minusválidos, ancianos, romas, mujeres víctimas de maltrado y de tráfico.

 

Para concluir quisiera insistir en un aspecto concreto que atañe especialmente a la  vida religiosa en Rumanía. Más de 40 años no ha sido posible que jóvenes entren en las congregaciones religiosas. Además, a las religiosas no se les permitía vivir ni en comunidad ni hacer ningún tipo de apostolado. Todo eso hoy de nuevo es posible. Pero comprenderán que no es fácil. Existe el peligro de querer continuar allá donde se ha quedado antes del tiempo comunista. La mayoría de las religiosas ahora es mayor y las jóvenes, que han entrado después de 1989 tienen aun poco experiencia de vida religiosa en todas sus dimensiones. También para ellas la situación no es fácil. Muchas de ellas están asumiendo actualmente servicios de responsabilidad (como superioras o formadores) y necesitan apoyo y ayuda.

Por eso la conferencia de religiosas organiza cursos de formación a nivel inicial y permanente. También ofrece formación específica para diversos servicios al interior de las congregaciones (cursos para formadoras y superioras) como para el trabajo pastoral (catequesis y otros) y para responder a problemas concretos en la sociedad.

 

 

                                                                                              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 


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